#181 Identidad y cultura en la NBA: la diferencia entre ganar y construir
¿Cómo se construye una cultura ganadora en la NBA? Analizamos a algunos de los mejores arquitectos identitarios del siglo para entenderlo.
Este fin de semana, aprovechando la visita de los Celtics a California, Payton Pritchard se pasó por el estudio de Amazon Prime NBA. Junto con el que fuera el maestro de ceremonias en su boda y también All NBA, Blake Griffin, Pritchard repasó la actualidad de los Celtics. Habló de Jaylen Brown, de Mazzulla y por supuesto, fue preguntado por la tercera posición actual de Boston. Su respuesta resume a la perfección la identidad de la franquicia:
“Sin duda, es una sensación agradable, pero creo que aún nos quedan pasos por dar. Podemos crecer mucho más y seguir mejorando. No creo que estemos aquí sentados pensando: «Oh, somos terceros. Vamos a celebrarlo». Estamos acostumbrados a ser los primeros y a ganar campeonatos. No es nada nuevo. Estamos intentando alcanzar el primer puesto y trabajar para volver a estar en la lucha por el campeonato. Ese es el objetivo principal”.
Quedar tercero está bien, pero los Celtics no juegan para quedar terceros, o para caer en semifinales. El único objetivo es el anillo y el tanking no es un verbo que se conjugue cerca del TD Garden. Ni siquiera se permiten temporadas de transición, y mucho menos cuando en tu plantilla todavía tienes a un candidato al MVP como Jaylen Brown. Lo sabía Brad Stevens, lo sabía Joe Mazzulla, lo sabían todos los miembros de la organización y dudamos de ello, pero la cultura en Boston no permite no pelear. Una cosa es perder porque eres peor y otra no intentarlo.
Por eso Boston, pese arrancar el año 0-3, está a solo medio partido de la segunda posición (que podrían robar esta noche) pese a perder a Tatum, Porzingis, Horford, Holiday y Kornet en un mismo verano y cambiarlos por Minott, Queta, Garza, Walsh y Hugo González. Salga quien salga, compiten.
Los Celtics, desde la llegada de Kevin Garnett, han sido eso. Han recuperado por completo la esencia de la franquicia, heredado los mandamientos de Red Auerbach y devuelto a la ciudad a donde merece estar siempre: peleando por ganar. Un año, 2014, se quedaron sin jugar playoffs desde 2007. Y solo cuatro veces en estos 18 años han caído eliminados en primera ronda (2013, 2015, 2016 y 2021). Si no compites, no sirves en el TD Garden. Pero si no sirves en la NBA, y aterrizas en Boston, no vas a encontrar una mejor segunda oportunidad en la liga, seas Porzingis o Josh Minott. Bienvenido a una cultura ganadora.
Qué es una cultura en la NBA
Construir una cultura no es fácil, y mucho menos en entornos tan cambiantes como los de la NBA. Es habitual que, de una temporada a la siguiente, el 40% de una plantilla cambie; los entrenadores duran en promedio unos dos años en el banquillo y los ejecutivos algo más, cerca de un lustro. Pero la identidad de franquicia tiene que trascender más allá de un vestuario, un entrenador o un general manager. De arriba, desde los propietarios, hasta el último trabajador del equipo afiliado a la G-League tienen que estar alineados al unísono. Eso es identidad.
Suele ir más allá de un estilo de juego, de una propuesta baloncestística. Es una manera de abordar el deporte desde el plano humano, más allá de la pista. Cómo entrenar, cómo competir, cómo entender la NBA. Es una estructura organizativa que llegas y te absorbe, pero que si no entiendes, estás fuera. Tienen una parte de desarrollo, tanto de jugadores como de talento en banquillos y oficinas, promoviendo el crecimiento interno y complementando con piezas exteriores. Equipos que exportan el talento, como el árbol de entrenadores que ha crecido alrededor de Popovich, por ejemplo.
Creo que los cuatro grandes ejemplos en la NBA, al menos en lo que va de siglo, son Boston, Oklahoma, San Antonio y Miami. Hace unos años habría añadido a Memphis o Toronto a la lista, pero no lo acabo de ver en el presente. Tener una identidad clara no significa ganar de manera automática, y al contrario, se puede ganar sin tener esa cultura. Por ejemplo, la ideología de los Lakers siempre ha sido atraer al máximo número de estrellas o nombres posibles y con eso, levantar 17 anillos a lo largo de la historia. Es válido y respetable, y además funciona, pero no es lo que yo entiendo como identidad (insisto: mi opinión). Pero la cultura es procesal, no cortoplacista.
La cultura juega con el corto, medio y largo plazo al mismo tiempo, sabiendo que es imposible apostar por los tres a la vez. La NBA, liga de activos y canjes, es un monopoly gigante que combina negocio, entretenimiento y deporte en una misma empresa. Por eso, saber crear una identidad en una ciudad implica partir con ventaja, aunque no sea fácil hacerlo.
Constructores de cultura
En algunos casos, se puede asociar a una figura que lleva décadas en la misma ciudad. San Antonio, en la persona de Gregg Popovich, o los Heat de Pat Riley son dos ejemplos perfectos. Ambos llevan desde final del siglo pasado en la misma organización, en la que han plantado sus semillas con tiempo, paciencia y permisividad de los propietarios. Todo lo que crece ahora, lo hace de sus raíces. Ellos marcan el listón y los demás siguen; delegan, ejercen de mentores y permiten a sus elegidos abrir las alas y tomar el relevo, pero siempre vigilando desde su torre de marfil que se cumpla el propósito.
Por eso hay perfiles que uno ve y piensa, es una pieza perfecta para este equipo. Por quedarnos en los últimos doce meses, Davion Mitchell y los Heat. O Norman Powell en Miami, también. Alex Caruso a los Thunder, Luke Kornet en San Antonio o Josh Minott en Boston. Jugadores que sabes que esa franquicia sacará muy probablemente su mejor versión.




