#189 El dilema moral de ser billonario en la NBA
Mientras la NBA sanciona a Ja Morant por hacer ver que dispara un arma, el propietario de los Grizzlies vende material de guerra en Rusia. Pero claro, no es lo mismo.
La NBA es la mejor liga del mundo por el talento que concentra. Congrega a los mejores, los reúne en una liga de 82 partidos y corona cada junio a un campeón merecido. Sabe vender narrativas como muy pocas competiciones y el resultado te llega listo para ser consumido, con el extra de tener un ecosistema fuera de la pista magnífico: agencia libre, deadline, draft. No hay mes en el que la NBA no sea protagonista, lo quiera o no, de las portadas de la prensa.
El problema es que este año, a esa maquinaria perfecta, se le han colado demasiados escándalos extradeportivos. Y desde ayer, Memphis Grizzlies y Robert Pera pueden tener uno especialmente grande entre manos. Hablemos de ello.
Una de las cosas que hice durante la pandemia fue ver mucha televisión, Netflix sobre todo. No me siento especial, todos lo hicimos. Y una de las series que vimos en mi casa fue The Good Place, y su famoso giro de guion al final de la primera temporada. Si no la has visto, ya te aviso que habrá spoilers en el texto. Perdón, pero la serie acabó en 2020, has tenido tiempo de verla si realmente te interesaba. A mí me gustó, me pareció entretenida, la típica serie que te pones mientras comes, aunque se hizo un poco larga.
Por explicar rápido la serie: el tema central es la vida después de la muerte. En un momento del show hablan de cómo se decide si una persona irá al lugar bueno o al lugar malo, cielo o infierno (aunque nunca son mencionados como tales). Hay un sistema de puntos que valora cada acción que un ser humano hace en vida, y luego se suma todo hasta sacar una nota final. Pero parte de la temporada tres es demostrar que el sistema está roto. Que en el presente, cualquier decisión suma puntos negativos, y lo muestran con este ejemplo tan simple: la compra de un tomate.
Lo que parece una buena acción tiene repercusiones negativas en la puntuación final. El hecho de comprar un tomate suma doce puntos negativos porque el tomate se plantó en una granja que usa pesticidas, y eso tiene impacto en el medio ambiente; se usó mano de obra explotada y se envió con vehículos poco eficientes en el uso de gasolina. Todo eso concluye en un -12.368 puntos para Douglas. Aunque en ningún momento el pobre Doug haya tomado la decisión de apoyar el uso de pesticida, el uso de gasolina o la explotación de mano de obra. Solo quería un maldito tomate para su ensalada.
Lo que parece una simple escena de una comedia se puede considerar al mismo tiempo sátira de la vida real, porque es algo que pasa en la vida misma en 2026. Yo, por ejemplo, no quiero darle dinero a Elon Musk, pero sigo usando X en mi día a día y no voy a parar porque es adictivo. Tengo un iPhone, aun sabiendo que en su momento se demostró que había menores de 16 años trabajando en la fábrica y con salarios insultantes (o Nike, Zara, etc.). Puedo seguir, porque la lista apunta a ser larguísima en el presente.
Es realmente complicado tomar una decisión, comprar un producto, sin apoyar de manera involuntaria a algún malvado mil-millonario cometiendo alguna atrocidad a escala global. Es muy difícil salir de este círculo de colaboracionismo inconsciente que incluso por momentos puede desequilibrar nuestra balanza moral y mantenernos despiertos por la noche. Igual por eso tengo insomnio y migrañas y tengo que medicarme. ¿Pero sabéis qué no tengo? Una empresa que ayuda, permite y genera crímenes de guerra, algo que no puede decir todo el mundo en la NBA.
Según el último informe de Pablo Torre, junto con Hunterbrook, Robert Pera, propietario de los Memphis Grizzlies, está vinculado con el ejército ruso. ¿Cómo? Os lo explico por pasos. Pera fundó en California Ubiquiti, una empresa tecnológica especializada en infraestructura de comunicaciones, sobre todo hardware de redes inalámbricas pensado para conexiones de largo alcance y despliegues rápidos de wifi profesional, con una combinación muy atractiva de rendimiento alto y costes bajos. Perfecta para lugares con poco alcance.
El reportaje asegura que productos de Ubiquiti están siendo utilizados por el ejército ruso en plena invasión de Ucrania. Ese material sirve para que los drones operen a mayor distancia, transmitan imágenes en tiempo real y ganen precisión en sus maniobras. Material de guerra que se ha encontrado en zonas del este de Ucrania donde Naciones Unidas ha documentado posibles crímenes de guerra. Insisto, el dueño de los Grizzlies es propietario de la empresa que fabrica estos productos y su tecnología.
La investigación demuestra tres cosas clave. Primero, que el equipamiento de Ubiquiti está presente en el frente ruso. Segundo, que ese material sigue siendo accesible a través de una red de distribuidores terciarizados, tanto dentro de Rusia como desde Estados Unidos. Y tercero, que el propio equipo de Hunterbrook logró reproducir el proceso de compra haciéndose pasar por miembros del ejército ruso. Compraron dispositivos tanto en Moscú, para enviarlos al frente, como en Ohio (creo), donde los enviaron a Turquía como país intermediario y, desde ahí, pudieron sortear las restricciones para su llegada a la zona de conflicto.
Todo esto ocurre pese a que desde 2022 Estados Unidos prohíbe explícitamente la exportación a Rusia de componentes como antenas, cámaras o sistemas GPS. Se sabe que previamente Ubiquiti había trabajado con el ejército ruso, pero desde la invasión no se permite vender material de telecomunicaciones al país gobernado por Vladímir Putin. Y menos un producto que se presume clave en ciertas operaciones. Sin este tipo de infraestructura de comunicaciones, muchos de estos drones simplemente no funcionan.
Y aquí entra la doble vara de medir. La NBA sancionó a Ja Morant por mostrar armas de fuego en redes sociales. Mostrar, no disparar contra nadie y, desde luego, no contra un país. Mientras tanto, el propietario de su franquicia dirige una empresa cuyos productos aparecen en un conflicto armado real. Es la permisividad de unos frente a la regulación de otros.
Ayer estaba pensando en la ironía de la NBA. Ahora mismo, si veo un partido de los Grizzlies en televisión nacional (o en League Pass, DAZN o Prime) o me compro una camiseta de Santi Aldama, estoy apoyando pasivamente a un propietario cuya riqueza ha crecido, al menos en los últimos años, gracias a la militarización de Rusia. Son puntos negativos, según el guionista de The Good Place.
Y no es la primera vez que ocurre.




