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#198 La expansión de la NBA: entre el dinero y el producto

La NBA se acerca a las 32 franquicias, pero el debate real no está en Seattle ni en Las Vegas, sino en el momento elegido y por qué ha tardado tanto en llegar.

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Alejandro Gaitan | NBA 🏀
mar 25, 2026
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La pasada semana, el periodista Shams Charania filtraba lo que puede ser la noticia del mes en la NBA. Según el insider de ESPN, información que han confirmado otros medios más tarde, la junta de gobernadores de la liga votará hoy, 24 de marzo, para iniciar el proceso de expansión con Seattle y Las Vegas como únicas ciudades candidatas. El objetivo es que, una vez aprobado el trámite de la votación, las dos nuevas franquicias puedan empezar a competir en la NBA a partir de la temporada 2028/29, ampliando la liga a 32 equipos.

No por esperada, la expansión deja de ser una sorpresa, especialmente la certeza en las ciudades y el timing con el que se ha anunciado y se votará. Es cierto que todo encaja sobre el papel: mercados potentes, infraestructura preparada y una liga que sigue creciendo a nivel global, pero detrás de esa aparente lógica hay una pregunta menos evidente y mucho más incómoda: si expandirse es tan buena idea, ¿por qué genera tantas dudas dentro de la propia NBA? ¿Por qué han tardado tanto? Hay que analizarlo, porque esta no es solo una decisión de crecimiento. Es, sobre todo, una cuestión de timing.

Hay motivos para creer que el crecimiento de la NBA es una buena idea y argumentos en contra, tanto desde un punto de vista deportivo como financiero o de producto. He querido dejar pasar una semana, ver la reacción mediática e intentar entender cada punto de vista antes de recopilar toda la información posible. Hoy no es un repaso a cómo será el proceso de creación de las dos franquicias, eso lo tratamos en el último NBA House; hoy quiero hablar únicamente del lado NBA y cómo puede influir en la liga la llegada de dos equipos nuevos.

1. Dinero inmediato vs valor a largo plazo

Desde hace tiempo, sabemos que uno de los objetivos de la NBA es que sus propietarios se lleven más dinero, como el de cualquier empresa con sus accionistas. Ya sea mediante la creación de un mejor producto y por ende un contrato de televisión más grande, o el lanzamiento de una liga en Europa. Ya sea firmando acuerdos con Abu Dhabi, casas de apuestas o moviendo partidos a mercados internacionales, casi todo vale. La mayoría de ese dinero se suele repartir entre jugadores y propietarios al formar parte del Basketball Related Income, pero la expansión es una excepción.

Todo el dinero que entre a través del expansión fee, ese precio que va a costar comprar un hueco en la liga, se irá directamente a los bolsillos de los treinta propietarios. La información de Shams apunta a precios de entre siete y diez mil millones de dólares por cada una de las dos franquicias, tanto los Seattle SuperSonics como Las Vegas. En el mejor de los casos, hay 20 mil millones a repartir entre 30 propietarios, que se llevarían más de $666 millones cada uno; en el peor, solo se llevarían $466 millones1 y quizás incluso se queden sin comer un par de días ese mes. Todo por devolver un 0,2% de la NBA: cada dueño pasará de controlar el 3,33% al 3,13%.

Sobre el papel parece una decisión fácil, pero tiene trampa. Porque no es lo mismo repartir un ingreso extraordinario que reducir de forma permanente tu control en el negocio. El hecho de diluir la participación de cada uno de los dueños también implica reducir el porcentaje de beneficio que se llevan al repartir el pastel, especialmente con el acuerdo de TV, de 76 mil millones de dólares, que empezó este año.

Según Sportico, cada equipo se lleva este año $143 millones, y la cifra crece un 7% cada temporada hasta llegar a $281 millones el último año del acuerdo, en 2035/36. Esta estimación está basada en 30 equipos, no 32. Con la adición de dos franquicias nuevas, la cifra bajaría ligeralmente cada temporada hasta sumar $112 millones que cada dueño dejaría de ganar solo en este contrato de televisión nacional2. Eso es únicamente dinero que viene de ESPN, NBC o Amazon Prime, y que va a las franquicias, pero no estoy contando con el reparto de merchandising, marketing o acuerdos globales de la liga; solo televisión nacional.

Es posible que en una década hayan dejado de ganar todo el dinero recibido por la entrada de las dos nuevas franquicias, lo que abre la puerta a una opción que no será para nada sorprendente: que un propietario, después de recibir el masivo cheque por medio billón, decida vender su franquicia y desentenderse del negocio del baloncesto antes de que explote la burbuja de los precios por las franquicias. Digamos que eres, por ejemplo, Robert Pera, propietario de la franquicia con menos valor según la lista de Forbes, los Grizzlies, en $3,5 mil millones.

¿No te sale a cuenta recibir un influjo de cash enorme y al año, antes de tener que empezar a repartir tus beneficios con otros propietarios nuevos, vender el equipo? Y así puedes centrarte en tu verdadera pasión, vender material de guerra a Vladimir Putin. Viendo el precio de otros equipos, ni lo pensaría. La expansión no solo genera dinero. También puede acelerar la rotación de propietarios, caras nuevas y con ello, impredecibilidad. La NBA, por cierto, puede evitar eso creando un pago progresivo, y no todo el mismo verano.

2. Más equipos, ¿mejor producto?

Si bien la expansión se entiende como una evolución natural de la competición, hay ciertas cuestiones alrededor de la decisión, sobre todo desde el punto de vista competitivo. Más equipos significa más mercados, más aficionados, más historias que vender pero, también, más jugadores. Y sabiendo que los mejores ya están en la NBA, los que lleguen van a bajar el nivel. Como en el caso de los propietarios, habrá una dilución del talento al añadir 30 espacios en plantillas NBA (y otros seis two-way). Si en la NBA tenemos los 500 mejores jugadores del mundo, ahora entrarán del 501 al 530. ¿Mejora eso el producto?

En teoría no. Pero todo forma parte del plan maestro de Adam Silver de crear una liga equitativa, una competición justa donde todos tienen opciones de ganar el anillo. La llegada de dos equipos nuevos implica la repartición de talento y la oportunidad de que jugadores que hoy son segunda o tercera espada, puedan ser referencia en un equipo NBA. Me vienen a la cabeza nombres como Austin Reaves, Evan Mobley (¿es el tercero?) o alguno del triumvirato de los Thunder, más allá de Shai, como JDub o Chet, por ejemplo. Todos son All Stars que podrían tener más peso ofensivo liderando un equipo. Queremos ver una franquicia con una estrella nueva, y si algo sobra en la NBA son estrellas.

El problema es que esa igualdad se hará por abajo. No serán Washington o Brooklyn o New Orleans los que pierdan jugadores, sino los mejores equipos. Vas a igualar la competición haciendo a todos un poquito peores. Algo que puede preocupar en pleno auge del tanking, una falacia que repetida mil veces sigue sin ser verdad. Se esperan cambios en la lotería otra vez para solucionar un problema incorregible. Sabemos, además, que tanto Las Vegas como Seattle serán horribles los primeros años por muy buenos mercados que sean. Y un detalle no menor, que el anuncio de la expansión haya sido ya con las dos ciudades elegidas, evita meses de especulación.

Con una existe una deuda histórica por la atrocidad cometida en 2007; con la otra, un mercado que el resto de grandes ligas han sabido explotar y la NBA no. Has tenido pruebas piloto en la Summer League, el training camp del Team USA o la Copa NBA, pero ahora pones un equipo de baloncesto NBA. Dos mercados, por cierto, masivos en el baloncesto femenino con las Aces y Storm siendo referencia absoluta en la WNBA (a ver si mañana puedo escribir de la W). Confío en que el aficionado del estado de Washington sea más fiel que en Las Vegas, cuya dependencia del turismo puede convertir a la franquicia en una atracción internacional (yo elegiría a Hang Yansen en el draft de expansión, ya puestos).

3. El timing lo es todo

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