#203 LeBron James ha vuelto a equivocarse
Elegir Philadelphia como su último destino es claramente un error, como ya se equivocó con Miami, volviendo a Cleveland o jugando para los Lakers.
LeBron James claramente se ha equivocado en su decisión de elegir un nuevo equipo. El Rey, el que ha sido uno de los mejores jugadores de la historia del baloncesto, aquel que domina casi todas las estadísticas de la liga y cuya longevidad no será nunca igualada, ha vuelto a cometer un error. Uno grave, uno que hemos visto todos. Uno que representará una mancha en su historial, como ya pasó en 2010 cuando dejó Cleveland, 2014 al volver a los Cavaliers o peor aún, en 2018, al hacer las maletas rumbo a Los Angeles Lakers. LeBron James, una vez más, se ha equivocado en su decisión.
Por si alguien todavía no lo sabe, el pasado viernes por la mañana, hora de Philadelphia, LeBron Raymone James Sr. anunciaba mediante su agente y a través del portavoz de este, Shams Charania, que jugaría en los Philadelphia 76ers (y ya ha firmado contrato). Que seguía al menos un año más y que quiere ayudar a una franquicia histórica a acabar con la sequía de 40+ años sin un título NBA y 25+ temporadas sin pisar finales de conferencia. En el comunicado de Bron, donde explicaba que había sopesado la opción de retirarse, dejaba claro que su decisión no era por dinero o por su familia, sino que lo hacía para tener una vez más la oportunidad de ganar. Algo que, sobre el papel, estos nuevos Sixers le deberían dar.
Pero sigue siendo una decisión equivocada, como bien hemos podido leer en redes sociales y medios de comunicación. Ha elegido otra vez el camino fácil, solo persigue anillos, solo está pendiente de intentar igualar a Michael Jordan y nunca va a conseguir hacer sombra al legado de MJ, mucho menos habiendo perdido seis finales de las diez que ha jugado. Aunque sea inesperada, aunque haya perdonado decenas de millones de dólares por el bien colectivo, aunque haya elegido a un equipo con el que no tiene un vínculo personal, geográfico, un pasado o donde el único gran cliente Klutch es Tyrese Maxey. Aunque haya acabado en el rincón donde a nivel de mercadotecnia tenga la historia más difícil de contar. No importa, es un error.
Lo bueno, al menos para los haters, es que no importa si Bron elegía firmar por los Warriors, Cleveland Cavaliers, una vuelta a Miami o si se unía a LaMelo y Edwards en Minnesota, porque todas eran decisiones equivocadas. Realmente no importa qué haga LeBron, cómo lo haga, cuándo lo haga o por qué lo haga, porque todo está mal. Es irrelevante lo que haga o deje de hacer, y lo único importante es criticar a James. Por suerte para ellos, con LeBron siempre hay algo. Si perdona dinero en Philly, porque no lo hizo en Los Angeles; si persigue anillos con 42 años (persigue anillos en una franquicia que no gana desde 1983), que siempre ha tenido un súper-equipo. Siempre hay una pelea que luchar. Un tuit que monetizar.
Lo de que persigue anillos me parece la burrada más grande teniendo en cuenta que tras dejar Cleveland, fue a Miami y triplicó el número de títulos, volvió a los Cavaliers a lograr el primer campeonato de la historia de la franquicia y en Los Angeles tardó un año y medio en borrar seis años sin pisar playoffs con el triunfo en la burbuja. LeBron nunca ha perseguido anillos, porque ellos le persiguen a él allá donde ha ido, cuatro en tres ciudades distintas y siempre MVP de las finales. Aunque en siete de las diez que disputó (2007, 2012, 2014, 2015-2018) su equipo no fuera el favorito o siquiera tuviera motivos reales para estar en esa última instancia. Sabe exprimir a sus compañeros como nadie ha podido hacer hasta sacar su mejor versión, ventajas de jugar a su lado.
LeBron lleva 23 años dominando el panorama nacional y decidiendo los titulares de ESPN, cuando les reía las gracias y cuando cortó comunicaciones con ellos. Antes de que se inventaran las redes sociales y mucho después de que Elon Musk se cargara Twitter, James ya era el mejor jugador del planeta o peleaba por serlo, e incluso en 2026 está en el top-20 de la liga. Hace dos décadas ya era odiado por el simple hecho de ser insultantemente bueno en su trabajo, y que su ocupación fuera la de ganarle a tu equipo favorito, y a día de hoy, odiar a LeBron sigue siendo una corriente, una tendencia que nunca pasa de moda. Algunos le han odiado tan fuerte que por el camino no han podido admirar la mejor carrera de la historia de este deporte.
Casi todas las presunciones que hicimos sobre su último baile eran basadas en la imagen que tenemos de LeBron, y como su vida ha sido siempre un guion perfecto narrado con la voz de Morgan Freeman. ¿Qué mejor final le podemos dar a esta película de Disney? Volver a casa, regresar allá donde más feliz fue o iniciar una pre-jubilación en Golden State junto con su amigo y compañero de hospital, Steph (y muchas horas de golf). Salvo Cleveland, y todo con el asterisco de tener a James Harden en el equipo, ninguno de los candidatos para conseguir a LeBron James podía pensar que el techo del equipo crecía hasta ser candidatos, favoritos en su conferencia. Ni Miami ni mucho menos Golden State.
Al teorizar sobre el futuro del Rey, las hipótesis se basaban casi siempre en argumentos extradeportivos, relaciones humanas y de imagen y semejanza, pero muy poco en baloncesto. Y solo las opciones de Minnesota y Denver, que siento que nunca fueron reales, parecían dispuestas a darle una oportunidad de competir. De competir de verdad. De lo que puede llegar a hacer ahora en Philadelphia si la salud de Joel Embiid lo permite.
Pero al final, LeBron siempre ha sido eso, un competidor, alguien a quien ganar le llena más que prácticamente cualquier otro ejercicio en la vida. Uno que se ha ganado a pulso poder hacer lo que le salga de los cojones, porque lleva 23 años en la liga. Solo ha habido un año en el que LeBron ha dado la sensación de preocuparse más por el dinero y pasar el rato que por ayudar a su equipo: el verano pasado, cuando por primera vez en su carrera, sintió que el equipo no era suyo (lógicamente) ni su agencia tenía suficiente poder de control. Este año veremos al LeGM menos ejecutivo, siendo un peón más.
En Philadelphia puede conseguir algo que en ninguna otra franquicia se presenta como realista: historia propia. Sonaba para los Warriors, que vienen de ganar en 2022 y cuatro veces en los últimos doce años; sonaba Miami, donde ya ganó dos veces (2012, 2013) y jugaron finales dos veces desde 2020 (unas ante LeBron); sonó también Cleveland, donde ya escribió su historia (2016). Los Sixers son algo distinto a cualquier otro equipo: suman 26 años sin pisar unas finales de conferencia, desde 2001. Solo Washington, casi medio siglo de sequía, lleva más tiempo sin ganar dos series de playoffs en un mismo año, con la trampa de que Charlotte y New Orleans nunca lo han logrado.
(Podéis ver el vídeo completo en el canal de YouTube de Gigantes del Basket)
El problema, y lo único que me sorprende, es que por muy bueno que sea el quinteto y profunda sea la plantilla de los Sixers, el equipo siempre va a depender de la salud de Joel Embiid. De sus rodillas, de su disponibilidad en mayo y junio, que aguante sano varias rondas de playoff. Estuvo cinco partidos ante Boston y remontaron una serie con 1-3 en contra, pero una semana más tarde, volvió a desaparecer en el Madison. Esa decisión, que el legado de LeBron pueda depender de otra persona, y de su salud, algo que Jame no puede controlar, es un escenario que nunca habíamos visto antes. Y por eso, es probable que en abril o mayo, cuando Philly pierda, los haters de LeBron sonrían.
Vendrán a Twitter felices y te dirán que tenían razón, que LeBron James se equivocó. Que no tenía que haber firmado con los Sixers, que es un ringchaser y por eso ha perdido. Y solo habrán tenido que esperar 24 temporadas para tener razón.
Os dejo este vídeo de Sergio Rabinal en YouTube sobre el encaje de LeBron en Philadelphia para entender mejor a nivel deportivo el aterrizaje del Rey en Pensilvania.

