HISTORIA NBA | La década de los 60: la dictadura verde
Si alguna vez un equipo dominó la NBA, fueron los Celtics de los sesenta. Puño de hierro, control absoluto. No ha habido nunca nad
Hoy sigue una serie de artículos sobre la historia de la NBA, aprovechando la pausa del All Star y que estaré de viaje. Repasaré década a década lo que ha sucedido en los 80 años que lleva la NBA vigente.
Según la Real Academia de la Lengua Española, dictadura se puede definir como régimen autoritario de cualquier tipo. La siguiente acepción añade dos términos nuevos: predominio y fuerza dominante. La palabra tiene su origen del latín y significa “gobierno donde una persona da las órdenes”. La década de los sesenta en la NBA cumple todas y cada una de las características de una dictadura. La dictadura verde.
Desde el 9 de abril de 1959, cuando los Celtics sumaron el segundo anillo de su historia barriendo a los Lakers, hasta el 24 de abril de 1967, fecha en la que Philadelphia se llevaba su segundo título, pasaron 2937 días. Ocho años y dos semanas en las que la franquicia de Red Auerbach, Bill Russell, Bob Cousy y compañía no dejó el trono de campeona. Más de ocho años sin perder el anillo. De los diez títulos repartidos en los sesenta, Boston ganó nueve, sin importar si el rival se llamaba Lakers, Warriors o Hawks. La mayor dictadura vista en la NBA.
El monstruo verde
Los sesenta es la primera gran época de superestrellas en la liga. Los nombres propios representan el mayor atractivo de la competición, algo que no sucedía desde la retirada de George Mikan. A los Jerry West y Bob Pettit se unen Wilt Chamberlain, Oscar Robertson, Hal Greer, Jerry Lucas, Willis Reed o Rick Barry. Todos ellos leyendas de la competición y futuros miembros del Salón de la Fama que dominarían estadísticamente la NBA durante la década. Ante todos ellos tuvieron que competir los Celtics de Auerbach — competir y ganar.
El equipo de Boston cambió por completo el paradigma del baloncesto NBA con una mente privilegiada como Red Auerbach a la cabeza. Conceptos naturales hoy en día como la figura del sexto hombre, el contragolpe o el juego coral ofensivo parten de la libreta de Red. Su influencia fue tan grande que a los nueve anillos conseguidos como head coach se pueden sumar los siete que consiguieron sus pupilos: dos Bill Russell, Tom Heinsohn y KC Jones, todos ellos con Boston, y uno Bill Sharman como entrenador de los Lakers.
El estilo de juego se convirtió en la piedra angular de la franquicia, una que sigue reflejada en los pasillos del TD Garden en el presente y que se basa en tres pilares: defender, correr y jugar en equipo. Los conjuntos de Auerbach ponían siempre la defensa por encima del ataque, buscando forzar al rival a tiros complicados. Contaban con Bill Russell en la pintura, cinco veces máximo reboteador de la competición y el primer gran taponador del baloncesto, una estadística que no se cuantificaba por aquel entonces. De Bill, el balón salía dirigido a Bob Cousy, un base de talento generacional que corría la pista a un ritmo al que solo sus compañeros podían seguir, creando ventaja física y numérica. Transiciones rápidas como forma de vida.
Una vez en ataque, solo tenía que elegir la mejor opción para finalizar: Tom Heinsohn, KC Jones, Sam Jones, Frank Ramsey o Bill Sharman eran las posibilidades, ninguna mala. Una vez Cousy se retiró, KC Jones tomó el relevo como base y sumó nuevas armas a su ofensiva, jugadores como John Havlicek, el máximo anotador en la historia de la franquicia, o Bailey Howell. Incluso figuras como Clyde Lovellette o Carl Braun llegaron a formar parte de la plantilla de Boston alguna temporada. Pero siempre, por encima del individual estaba el colectivo.
Por eso, cuando Red se cansó de ganar, encontró en casa a su heredero, porque nadie entendía el baloncesto igual. En 1966 Auerbach dejaba el banquillo de los Celtics poniendo rumbo a la gerencia, funciones que ya realizaba como entrenador. Y su sustituto fue Bill Russell, el que todavía era jugador de la plantilla, y quién por tres temporadas compaginó ambos cargos. Se convirtió en el primer entrenador afroamericano, rompiendo otra barrera de color en la liga. En su primer año, la racha de anillos consecutivos de Boston llegaba a su final, pero para 1968 y 1969, devolvería a los Celtics a lo más alto.
Sumando las eras de Red y Bill, en diez temporadas, Boston jugó las finales de división cada año sin fallo, perdiendo únicamente las de 1967 ante los 76ers. En total fueron 22 series de playoffs en la década, llevándose el triunfo en 21. Pero no por abusivo fue sin sufrimiento: ocho de ellas llegaron al séptimo partido, incluyendo cuatro en las NBA Finals. Ninguna de las series se decidió por la vía rápida, con otras cinco necesitando seis partidos. Boston era superior, pero cada duelo era una prueba de fuego: los Celtics eran el rival a batir. Todos querían derrocar a Boston.
Especialmente para Wilt Chamberlain. Destronar a los Celtics y a Bill Russell se convirtió, con el tiempo, en algo personal.
Una máquina de hacer historia
Nadie fue mayor rival de Bill Russell que Wilt Chamberlain. Entre Warriors, Sixers y Lakers, los dos grandes dominadores de la pintura en el baloncesto en los sesenta se enfrentaron en 143 ocasiones entre regular season (94 duelos) y playoffs (49 partidos, ocho series). Y como Boston, Bill Russell solía salir como vencedor. Estadísticamente, Wilt dominaba promediando más puntos, rebotes y mejores porcentajes de tiro, pero los Celtics se llevaron el 60.1% de los duelos y siete rondas de post temporada.
La única vez que Wilt pudo vencer a Russell y los Celtics en una serie de playoffs, Chamberlain promedió triple-doble (21.6 puntos, 32 rebotes y 10 asistencias) en cinco partidos. Y ni siquiera fue la mayor locura estadística en su carrera. En su año rookie se llevó el premio al mejor novato del curso y el MVP al mejor jugador, una hazaña solo igualada por Wes Unseld al final de la década. No se ha vuelto a repetir en la NBA. Para su tercer año promedió 50.4 puntos, con el famoso partido de 100 puntos ante los Knicks, dos récords a los que nadie se ha acercado: los 81 de Kobe son lo más parecido que hemos visto.
La cantidad de récords que acumula Chamberlain exigen, por cantidad y calidad, una página propia en la Wikipedia. Su regularidad es tal que una temporada promedió más de 48 minutos por partido, la duración de un encuentro NBA. Exactamente fueron 48.53 en 1962. Aquella temporada descansó solo ocho minutos, otra cifra que nadie podrá igualar. Además, a todos los récord individuales de anotación, rebotes y minutos, hay que sumar dos anillos, uno en Philadelphia y otro en Los Angeles, cuatro MVPs, 13 selecciones para el All Star y otras diez para los equipos All NBA.
Jugara donde jugara Wilt, siempre era el principal rival de los Celtics. Lo fue hasta enero de 1965, en los Warriors, primero en Philadelphia y más tarde en San Francisco. Lo siguió siendo a partir de la temporada 1966, con los Sixers, y en los últimos cinco años de su carrera, que acabó en 1973, con los Lakers. Solo se perdió playoffs una vez, accediendo a post season en 13 de las 14 temporadas que jugó y encontrándose con Boston por el camino en ocho de ellas.
Pero no fue el único gran rival de los Celtics.




