HISTORIA NBA | La década de los 70: gigante entre gigantes
Llegó a la liga como Lew Alcindor, pero pasó a la historia como Kareem Abdul-Jabbar. Para muchos, el mejor jugador que nunca ha pisado un pabellón NBA. Al menos hasta los noventa.
Hoy sigue una serie de artículos sobre la historia de la NBA, aprovechando la pausa del All Star y que estaré de viaje. Repasaré década a década lo que ha sucedido en los 80 años que lleva la NBA vigente.
La década de los setenta representa un punto de inflexión en el baloncesto profesional americano. Se trata del periodo más abierto deportivamente visto, con diez equipos distintos jugando las NBA Finals y ocho campeones diferentes. Se trata del impasse competitivo entre la mayor rivalidad del baloncesto, Lakers y Celtics, que se pausa durante una década entre las épocas de Bill Russell y Wilt Chamberlain, y la llegada de Larry Bird y Magic Johnson. Y sobre todo se considera la última etapa de dominio del pivot al uso.
Entre 1969 y 1979, el puesto de cinco roza la mayor importancia que una posición ha tenido nunca en el deporte, comparable a un quarterback en fútbol americano o al pícher en el béisbol. Tener una estrella, un jugador dominante como referencia interior daba automáticamente la oportunidad de competir y soñar con el anillo; o, por ponerlo al revés, sin un pívot de nivel MVP, no había opción alguna de ser campeón. Willis Reed, Kareem Abdul-Jabbar, Wilt Chamberlain, Dave Cowens, Bill Walton y Wes Unseld tienen algo en común. Todos fueron MVP de las Finales y llevaron a su equipo al campeonato.
Y todos ellos son pivots, la mayoría al uso, como se ha entendido el pivot en la historia. A la lista podemos sumar a Bob McAdoo, Artis Gilmore o Moses Malone, nombres que brillaron más en los ochenta o que empezaron su carrera en la ABA, pero que hicieron estragos en la pintura en la parte final de la década de los setenta. Iba a ser la última oportunidad que los pivots iban a tener para brillar, para ser los principales protagonistas de la NBA. Con la llegada de las franquicias de la ABA, la adaptación de la línea de triple y la aparición de jugadores como Bird, Magic y Michael Jordan, la influencia del cinco pasa a ser mucho menor (hasta la actualidad). Los setenta fueron la última gran camada de dominadores.
Pero de todos ellos destaca un nombre: Lew Alcindor, o como lo conoce la mayoría del planeta, Kareem Abdul-Jabbar.
El dominio de un gigante
La llegada de Kareem a la liga, todavía bajo su nombre de nacimiento, Lew Alcindor, coincide con la retirada de Bill Russell, el pívot que domino la NBA la década anterior en materia de anillos, y con las últimas temporadas de Wilt Chamberlain, quien rompió todos los récords de anotación, rebotes y efectividad. Abdul-Jabbar llegaba en el momento justo para recoger el testigo y apropiarse de la liga: entre 1971, su segunda temporada, y 1977, ya en los Lakers, sumó cinco MVPs de los siete que se entregaron. Uno de ellos, el único en la historia, lo hizo incluso sin clasificar a playoffs y con récord negativo; ese era su nivel.
En su primera temporada consiguió que los Bucks ganaran 56 partidos (por 28 del año anterior) y llevó al equipo hasta las finales de división, solo para caer ante unos Knicks a la postre campeones. Por aquel entonces, ya desde finales de los sesenta, New York se había convertido en uno de los favoritos del Este. Por eso, cuando en su segunda temporada llevó al equipo al título, nadie se sorprendió. Por el camino, el conjunto de Kareem y Oscar Robertson eliminó a los Warriors y los Lakers, una serie mucho más complicada que las posteriores finales.
La irrupción de Abdul-Jabbar en la NBA fue tan instantánea como relevante. Cogió el testigo de Wilt como mejor jugador desde su segunda temporada (o incluso la primera), lideró a su franquicia al anillo y convirtió a los Bucks en un equipo habitual de los playoffs y una demoledora en temporada regular. Y cuando no clasificaron a post-temporada por primera vez desde su llegada a Wisconsin, pidió el traspaso. En 1975, Abdul-Jabbar hacía las maletas rumbo a Los Ángeles en la que sería la primera piedra de un proyecto conocido como el Showtime, los Lakers de los 80.
Tuvo muchos rivales, demasiados delante. Pero el dominio de Kareem fue sin precedente, sobre todo por continuado en el tiempo. Nadie ha dominado tanto y durante tanto tiempo. Lo hizo en Milwaukee por seis temporadas y lo repitió en Los Angeles por otras 14. En total, contando sus veinte cursos NBA, Kareem sumó seis anillos, seis premios MVP, 19 veces fue nombrado All Star y 15 All NBA. Durante sus primeras 17 temporadas anotó más de 20 puntos y en doce ocasiones capturó más de 10 rebotes. Fue el líder taponador histórico cuando se empezaron a contabilizar en 1974 y a día de hoy, sigue como máximo anotador de la NBA. Su única pega, no haber pisado las finales de manera más recurrente: lo hizo solo dos veces antes de 1980.
Y es que la NBA de los setenta fue la más abierta que vivimos hasta entonces.
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