#209 Los Lakers a la venta: el FBI, $12,500 millones, Abu Dhabi y una guerra familiar
Mark Walter necesita liquidez mientras el FBI investiga sus negocios. Otros aseguran que serán los nuevos dueños, pero ¿quién pone realmente los $12,500 millones? Y, ¿podrá Jeanie Buss impedirlo?
En menos de una semana la historia reciente de los Lakers ha dado un vuelco total. Uno que pensábamos que solo estaba disponible en Netflix o HBO, pero una vez más, la NBA supera a la realidad. Nueva venta, ahora por $12.500 millones, un propietario bajo investigación federal, y la última miembro de la familia Buss, Jeanie, peleando en los tribunales contra su propia familia. Todo junto, todo a la vez, como suele pasar en esta liga cuando menos te lo esperas. Y lo más divertido es que solo acaba de empezar.
Los Lakers vuelven a venderse
En junio de 2025, la familia Buss vendió el control de los Lakers a Mark Walter, dueño de los Dodgers, Sparks, parte del Chelsea FC y del equipo de F1 Cadillac, entre otras entidades deportivas, por una valoración de $10.000 millones. Jeanie Buss se quedaba como gobernadora del equipo ante la NBA, con un mínimo del 15% de propiedad garantizado mediante la parte porcentual de la familia (se estima que un 17,8%). Hasta aquí, todo tranquilo, casi aburrido para lo que históricamente han sido los Lakers. Pero este verano ha sido mucho más movido y todo ha pasado en un periodo de 72 horas que pueden marcar el futuro deportivo de la franquicia tanto o más que la salida de LeBron James de Los Angeles.
El pasado 13 de agosto, ESPN soltaba la bomba. Apenas 14 meses después de comprar la histórica franquicia, Mark Walter vendía su participación mayoritaria a Bob Iger, ex-CEO de Disney y amigo personal de Adam Silver, y a Josh Kushner, fundador de Thrive Capital, y sí, hermano de Jared Kushner. La valoración se disparaba hasta los $12.500 millones. Otra vez la cifra más alta pagada nunca por una franquicia deportiva. Una negociación que se abrió y cerró en tres días, que son cinco días menos de lo que tardaron en arreglarme la cocina (y costó mucho menos).
#98 Consecuencias de la venta de Boston: expansión NBA, nuevos dueños... ¿se venden los Lakers?
La mil millonaria venta de los Celtics cambia todo: presente y futuro a medio y corto plazo.
Dentro de las oficinas de los Lakers la cosa tampoco ha sido un camino de rosas estos 14 meses. Según The Athletic, una persona de dentro de la organización resumió la etapa de Walter como un “ambiente raro”, sobre todo por decisiones que poco tenían que ver con el baloncesto y sí con el dinero. Hubo varias rondas de despidos y una subida de precios de los abonos de temporada que en algunos casos superó el 40%. También trasladaron el equipo afiliado de la G League de sus instalaciones en El Segundo hasta Coachella Valley, cerca de Palm Springs, una decisión que molestó a los ejecutivos de baloncesto porque aleja al equipo de sus jugadores y entrenadores en desarrollo. Todo apuntando al mismo sitio: menos equipo, más negocio. Más beneficio.
Walter llevaba un año y poco como dueño y se lleva $2.500 millones de plusvalía en poco más de un año, una barbaridad para cualquiera que siga el mercado del deporte, incluso conociendo el insultante valor de estas marcas. Por su parte, Iger y Kushner dijeron sentirse “profundamente honrados de convertirse en guardianes de los Lakers”. Bonito, emotivo incluso. Faltaría, en un proceso normal, un único paso: el visto bueno de la Junta de Gobernadores de la NBA. Pero ahí es justo donde empiezan las preguntas incómodas. Porque lo raro no es solo la rapidez: es que no hubo proceso de subasta, algo inusual en operaciones de este tamaño. ¿Por qué vender un equipo al año de comprarlo, y encima sin subasta?
Por qué tanta prisa
Hay una versión larga y una más rápida. La explicación corta es que a Mark Walter le están investigando al mismo tiempo tres organismos federales. El FBI y el Departamento de Justicia, a través de los fiscales de Manhattan, llevan la investigación principal, y la SEC corre una paralela por posibles irregularidades financieras. Saben qué come, dónde y hasta cuándo caga. El objeto de la pesquisa son sus aseguradoras Delaware Life y Clear Spring Life and Annuity, y su gestora Guggenheim Partners. Se investigan “related party transactions”, que, traducido para los que no hicimos seis años de Law School en Georgetown, significa: ¿ocultó Walter que parte de las inversiones de crédito privado de esas aseguradoras en realidad respaldaban otros negocios controlados por él mismo? El DOJ también revisa si la división de gestión de activos de Guggenheim reportó con precisión sus cifras de ingresos a terceros.
Esto no es de ayer. El 18 de septiembre de 2025 el FBI ya le incautó el móvil y el ordenador a Walter en un aeropuerto de Chicago. Este mismo verano, en julio, Bloomberg destapó el grueso de la investigación federal: sus aseguradoras habían reclasificado unos $16.000 millones en inversiones de crédito privado que en realidad respaldaban otros negocios del propio Walter, muy por encima de la estimación inicial de apenas mil millones. Sin ser yo experto, no suena muy legal. Y aquí está la clave de todo el culebrón Lakers: Walter necesita liquidez ya, dinero en efectivo. Cash. El 18 de agosto, Bloomberg reportó que TWG Global se compromete a recomprar hasta $6.500 millones de esos activos afiliados a cambio de activos limpios, para aliviar la presión sobre sus aseguradoras. Vender los Lakers por $12.500 millones, un 25% más de lo que valían hace 14 meses, le da el cash que tanto necesita.
Por eso también está sonando mucho la posible venta de su participación en el Chelsea. Según Sky Sports, Walter y su socio Todd Boehly negocian vender sus acciones minoritarias a Clearlake Capital, que ya controla el 62% del club inglés y valoraría la operación en unos 5.000 millones de libras (6.700 millones de dólares americanos). Liquidando activos a toda velocidad, vaya, sin mucho disimulo. El tanking de los empresarios. ¿Y los Dodgers? De momento, fuentes cercanas a Walter insisten en que no planea vender el equipo de béisbol, que hasta la fecha ha sido su mejor (y mayor) inversión. Pero varios medios económicos ya se preguntan abiertamente si serán el siguiente activo en la lista si la presión legal y financiera sigue apretando.
¿Y quién pone el dinero de verdad?
Aquí llega la pregunta que se hace Henry Abbott en TrueHoop: ¿de dónde sale el dinero de verdad? Porque ni Kushner ni Iger tienen $12.500 millones en el bolsillo, ni por separado, ni juntos. Forbes calcula la fortuna de Kushner en unos $5.000 millones y la de Iger en apenas $600 millones. El New York Times reportó que “Kushner pone dinero de su bolsillo, y puede que Iger también”. ¿Puede qué? Toda la prensa lleva días asegurando que Iger compra los Lakers, pero entre los dos no suman ni la mitad del valor. No sé si estamos en un caso como el de los Celtics y Bill Chrisholm o más bien hay que mirar más allá de las fronteras estadounidenses.
Si Walter posee alrededor del 85% del equipo, alguien tiene que ponerle encima unos $10.600 millones y con prisa, además. Y si encima la familia Buss quiere su parte también, faltan otros dos mil millones. Y aquí es donde Abbott apunta a algo que yo ya venía diciendo desde junio de 2025. No puede ser casualidad que Mubadala Capital invirtiera en TWG Global exactamente el valor de los Lakers mes y medio antes de que se filtrara la venta. Y que igual era una manera pasiva de que fondos soberanos pudieran controlar más de un 5% de las franquicias, saltándose la norma de Adam Silver mediante la pequeña trampa de usar una empresa americana como escaparate de negocio. Un vacío legal.
La duda que deja Abbott en el aire es la buena: si Mubadala estaba cómodo financiando a Walter para “poseer” los Lakers, ¿por qué no iba a estarlo financiando a Iger y Kushner ahora que Walter se ha vuelto radiactivo? Y más sabiendo que ellos dos valen mucho menos que Walter.
Que conste que esto no es una teoría mía sola. Pablo Torre lo resumió sin rodeos: “miles de millones de Mubadala, el fondo soberano de Abu Dhabi, entraron y respaldaron a Mark Walter. Y cuando le preguntaron a Walter si tenía el dinero para comprar los Lakers, dijo que lo tenía”. Brian Windhorst iba en la misma línea meses antes: “Los Lakers se compraron con dinero de Oriente Medio” en el podcast de Jorge Sedano. Pablo Torre remata con el argumento que muchos vienen usando los últimos años: con las valoraciones actuales, ya no hay un solo individuo en el mundo que pueda comprar una franquicia de la NBA sin la fuerza de un fondo soberano o de private equity detrás. Que Iger y Kushner figuren como compradores no significa que sean quienes realmente paguen la factura.
El ruido político y la familia Buss
Todo esto disparó teorías sobre si la presión federal bajo la administración Trump facilitó la venta a Kushner, cuyo hermano Jared está casado con Ivanka Trump. La Casa Blanca lo negó rotundamente, y conviene apuntar que Josh Kushner es demócrata y donante de causas progresistas (que tampoco será la primera vez que unos y otros se juntan para hacer trapicheos). Joe Pompliano, la referencia en economía del deporte, lo planteó mejor que cualquier twittero de sofá: “es raro que un tipo que posee varios equipos y estaba reestructurando el negocio de los Lakers los venda con solo un 20% (que al final es 25%) de ganancia en 2 años, justo cuando lo investigan por fraude”. Y sí, es raro. Sospechoso incluso.
En paralelo, la familia Buss todavía conservaba un 17,8% del equipo. El lunes, el grueso de los hermanos Buss (o cinco, todos menos Jeanie) votó vender ese último tramo a Iger y Kushner que pasarían a controlar virtualmente el total de los Lakers, algo poco habitual. El comunicado familiar decía que “es momento de salir con elegancia mientras podamos”. Poesía pura, oigan, para una familia que literalmente ha convertido a los Lakers en lo que son hoy. Pero la elegancia duró lo que tarda un abogado en redactar una carta: Jeanie Buss dejó claro que no está de acuerdo, y que la ley está de su lado. Su abogado, Adam Streisand, calificó el comunicado de “falso, difamatorio y pernicioso”, exigió una retractación pública y de paso cargó contra ESPN por su publicación.
El argumento legal de Jeanie se apoya en una orden judicial de 2017 que exige el acuerdo de todos los cofideicomisarios (ella, Janie y Joey) para vender acciones de la familia Buss. Streisand advierte que actuar sin su aval sería “incumplimiento del fideicomiso y desacato al tribunal”. Es decir: sin Jeanie, no hay venta que valga, por muy bonito que sea el comunicado. Y para quien piense que este duelo de egos es nuevo, en 2017 Jeanie ya destituyó a su hermano Jim de operaciones baloncestísticas tras un intento de “golpe de estado” familiar, y el pasado noviembre Joey y Jesse fueron apartados de sus cargos en las oficinas del equipo. Ni se hablan, básicamente. Si tuviera que apostar, diría que este año no hay cena familiar en Navidad en la familia Buss.
Gracias por leer hasta el final. Si te ha gustado, te recomiendo suscribirte o compartir el contenido con tus amigos, familiares o en redes sociales. Muchas gracias.
Y ahora, ¿qué?
Aquí es donde la historia termina hoy, pero no se acaba: si Jeanie logra bloquear o retrasar judicialmente la venta del 17,8% familiar, podría complicar el cierre de toda la operación de $12.500 millones, porque la NBA no votará dos veces. Eso implica arriesgar la salida de Walter, justo en el peor momento posible para alguien que necesita el cash rápido y no tiene margen para litigios eternos. La Junta de Gobernadores de la NBA tiene previsto votar la operación completa el 15-16 de septiembre. Hasta entonces la pregunta sigue abierta: ¿logrará Jeanie bloquear la venta del último 17,8% o terminará perdiendo también el equipo que construyó su padre? ¿Se acaba el negocio familiar?
Queda mucho por ver y, por suerte para los que seguimos la NBA y no somos aficionados de los Lakers, esto no ha hecho más que empezar.



