#190 LeBron James se quiere despedir sin decir adiós
Cada día hay más pistas para pensar que la retirada de LeBron James. Y la noche de Cleveland es quizá la más clara de todas.
Los miércoles suelen ser, para mí, la noche tranquila. Haya o no NBA, intento pasarla con mi familia y no quedarme viendo baloncesto hasta la madrugada porque tengo el pelo cada día más canoso, y con el tiempo, se va notando. Aunque jueguen los Celtics, los tengo de fondo, mientras hago otras cosas, y la noche de ayer fue lo mismo. Pero con una diferencia: tenía un ojo puesto en Cleveland, por ser la vuelta de LeBron James a casa. Por el vídeo que le tenían preparado y la reacción que podía tener el rey. Y fue eso lo que me llamó mucho la atención.
El vídeo llegó en el primer tiempo muerto del partido. Ya había sido presentado el último entre los jugadores de los Lakers y recibió la ovación del público local, eternamente agradecido a James. Pero fue ese homenaje mostrado en el jumbotron que cambió todo. Se le pudo ver conteniendo las lágrimas, tapándose la cara con la camiseta de Los Angeles y, finalmente, llorando en la soledad del banquillo con la cámara delante. Volver al lugar donde empezaste y culminaste la mayor hazaña de la historia de la NBA nunca es fácil, y mucho menos si puede ser la última vez.
Porque empiezo a estar subido en el barco de que quizá, y no lo sabemos todavía, esta es la última temporada de LeBron James. Y cada vez hay más motivos para pensarlo, porque nunca nos había dado tantas señales para creer que este puede ser el final. Más por lo que dice, o deja caer, que otra cosa.
“Mi madre ha tenido la oportunidad de ver a su hijo y su nieto jugar en un partido de NBA a la vez. Joder, empiezo a entender la dimensión de eso” aseguraba al acabar el partido en Ohio. Uno empieza a recordar buenos momentos y ser reflexivo sobre su vida cuando sabe que el final está cerca. Una madre, la suya, a la que estuvo buscando durante el calentamiento con la mirada, algo que también explicó en su rueda de prensa post-partido. No puede haber tantas casualidades. Y mucho menos si nos deja esta frase al ser preguntado si esta era su última temporada:
«Solo intento disfrutar de cada momento, no dar nada por sentado. Porque podría ser (mi última temporada). Obviamente, aún no he tomado una decisión sobre el futuro, pero muy bien podría serlo».
La realidad es que LeBron tiene 41 años, y el tiempo pasa para todos. Algunos lo esquivan mejor que otros, saben gestionarlo con mayor efectividad, pero nos hacemos mayores. Que tuviera una lesión en el nervio de la ciática, un problema físico de gente mayor, fue la primera prueba del paso del tiempo en el cuerpo de James, que casi nunca ha tenido lesiones graves. En 2019 juega 55 partidos por un problema en la ingle que le obliga a perderse 17 partidos seguidos, la cifra más alta de su carrera por aquel entonces. De los últimos 15, juega solo cinco en una temporada de transición mientras esperaban a Anthony Davis.
Hubo también lesiones en la espalda, en su vuelta a Cleveland en 2015, o el famoso esguince de tobillo con Solomon Hill tras el anillo de 2020, cuando se perdió 27 de los 30 partidos finales de la temporada. Como todos los jugadores NBA, ha tenido problemas físicos, pero nunca ha habido tantos como el último año y medio en el que por primera vez, James parece humano. No jugó el All Star de 2025 por una lesión en el tobillo y existe la posibilidad de que se tome el de este año libre también, alegando alguna lesión. Necesita descansar como cualquier señor mayor. Y no hay mejor descanso que la jubilación.
Esta misma semana, el periodista Dave McMenamin explicó que LeBron no quiere un tour de despedida como sí hizo por ejemplo Kobe Bryant. El motivo es su propio cuerpo. Según dijo el periodista de ESPN, “Si su cuerpo no le responde, va a una ciudad, todo el mundo compra entradas y él no puede jugar ese día. No quiere que esa decepción le persiga”. Este año, por ejemplo, ya se ha perdido la única visita a Atlanta, Boston, Charlotte, Memphis, Minnesota, Milwaukee y San Antonio. Si es su último año, hay al menos ocho mercados que no le podrán decir adiós en la pista, lo que sería una lástima.
El caso de Kobe fue muy curioso. Se podía pensar que hubiera existido un miedo similar, la opción de perderse muchos encuentros y pabellones, pero eligió bien sus noches. Venía de jugar 41 partidos entre las dos últimas temporadas, pero consiguió llegar a los 66 en su último curso y solo hubo dos ciudades donde no jugó ese 2016 como visitante: Miami y Orlando. El resto de pabellones tuvieron la oportunidad de despedirse de uno de los mejores jugadores de la historia, así fueran menos de 15 minutos, como pasó en su segunda noche en Denver o la visita a Utah en enero.
LeBron fue obviamente preguntado sobre el tema al acabar el duelo en Cleveland y su respuesta fue tan abierta y ambigua como siempre ha hecho a la hora de hablar de su retirada: “Ni siquiera he pensado en una gira de despedida, o lo que sea, porque aún no he hablado con mi familia ni conmigo mismo sobre cuándo terminará todo esto”. Primera vez que habla de farewell tour desde 2024. Su familia, por cierto, que fue al completo a ver a LeBron James Sr. y Jr., al pabellón de los Cavaliers y con la que estuvo haciéndose fotos al acabar el duelo, firmando camisetas y sonriendo. Son señales que se van sumando.
Como el tema del parche, el famoso parche de la camiseta. ¿A qué viene eso ahora? El 12 de enero la NBA anunciaba que el jugador de los Lakers empezaría a llevar un parche conmemorativo de su temporada 23 en la liga, parche que luego se quitaría de la camiseta para añadir a algunas cartas de coleccionista edición limitada. De la nada llegó el anuncio. ¿No sería mejor hacer eso en su última temporada? Salvo que en algún momento haya decidido que esta sea la última y no lo sepa nadie más allá de la gente que tiene que saberlo.
Hay argumentos deportivos también para pensar en una posible retirada. El primero de todos es que los Lakers en principio no cuentan con él para 2026 si no se reduce el salario de una manera importante, según Brian Windhorst. El artículo que publicó hace poco Baxter Holmes en ESPN, donde resumía cómo Jeannie Buss estaba dispuesta a pasar página, o los rumores de un posible traspaso dejan la imagen de LeBron muy lejos de la del jugador más dominador del siglo. Y esta semana salía la información de una posible retirada en Cleveland, algo que los Cavs verían con buenos ojos, también perdonando dinero.
¿Hasta qué punto esa última temporada se vería más como algo negativo que positivo, dañando la imagen de uno de los mayores competidores que la NBA ha visto? Siempre he pensado que Bron es el tipo de jugador que quiere un tour de despedida, pero al mismo tiempo, que su imagen pública es lo más importante, por lo que la balanza ahora mismo entre una y la otra debe estar en el punto de equilibrio. Por suerte para LeBron, salvo que la decisión ya esté tomada, no hay prisa. Es algo que puede pensar hasta junio si quiere, aunque dudo mucho que los Lakers le esperen para entonces. No pueden hipotecar otro año de Luka en su prime.
Y lo peor es que nos avisaron los expertos en predecir caos en la Tierra. No hablo de Nostradamos, novato a su lado, sino de Sergio Rabinal y ¿Qué se opina hoy? (aka Cafe De Rick, aka Javier R. Rodríguez). Nos dijeron que LeBron anunciaría su retirada en el All Star, momentos antes de que se filtrara la sanción de la NBA a los Clippers por el caso Kawhi Leonard, Aspiration y Steve Ballmer. Compro todo el humo, estoy en el barco y solo cambio el timing: primero la sanción y luego lo tapas con una noticia histórica como la retirada de LeBron. Hasta David Stern estaría orgulloso de Silver.
Yo no concibo una NBA sin James, porque los únicos recuerdos que tengo de la liga sin el #23 son jugando a la PlayStation y la PlayStation 2, cuando todavía existía el NBA Live. Desde que consumo NBA ha estado ahí. Y pensar en una NBA sin él implica hacer un esfuerzo de imaginación nunca antes planteado en mi cabeza, pero el tiempo pasa. Y ahora creo por primera vez que el final está mucho más cerca de lo que creemos.


