Ni una semana sin una polémica. Ese podría ser, en caso de buscar un rebranding, el nuevo lema de la NBA. Es verídico, porque vamos a caso por semana. El último escándalo que ha sacudido a la NBA es el caso de Kristaps Porzingis. ¿Qué ha pasado? Que, según se publicó el miércoles, los Golden State Warriors han decidido dejar de pagar al jugador al considerar que no está cumpliendo con su contrato. No está al nivel de Kawhi Leonard ni de que el propietario de los Memphis Grizzlies le venda material de guerra al ejército ruso, pero es algo a seguir. La franquicia considera que el jugador, al no estar alrededor del equipo, no cumple sus obligaciones. Y lo más curioso es que desde la NBPA no van a pelearlo, por ahora.
Porzingis llegó a Golden State el año pasado, en el deadline, tras ser traspasado desde Atlanta a cambio de Jonathan Kuminga. El letón jugó bastante para sus propios estándares y Mike Dunleavy decidió renovarle a razón de $40 millones y dos temporadas, contrato igual para ambos cursos pero con solo tres millones garantizados para 2027/28. Mantener a Porzingis era seguir con la línea de trabajo de los Warriors, que renovaron a casi todos los agentes libres que estaban en el equipo el pasado mes de abril. En el caso de KP, lo hicieron incluso sabiendo de su condición médica: POTS. Ahora hay que ir un poquito más atrás en el tiempo para entenderlo todo.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Tras proclamarse campeón con los Celtics pese a jugar solo siete partidos en los playoffs de 2024, Boston intentó lo obvio: volver a ganar. Mantuvieron a toda su plantilla y soñaron con el banner 19. La salud y los New York Knicks evitaron el repeat, pero antes de todo eso, Porzingis ya había dado muestras de no ser el mismo. No había un problema en la rodilla, ni el tobillo operado en verano o la espalda; el espigado interior no podía mantenerse en pista. No podía respirar, correr y competir al mismo tiempo y nadie sabía por qué. En febrero es baja por enfermedad, que nos venden como una infección vírica, y se pierde 8 partidos, pero vuelve con 24 puntos y promediando 21.7 para cerrar el mes. Y con eso, Mazzulla arranca los playoffs.
Pero Porzingis sigue sin estar cerca de su nivel. No importa contra Orlando, pero ante los Knicks, Luke Kornet acaba robándole el lugar en la rotación. Solo una vez, la noche que Tatum se rompe el Aquiles, Porzingis supera los 19 minutos en pista. Injugable se convierte, con el final de la temporada y la lesión de JT, en el principal candidato a ser traspasado. El movimiento llega el día que se abre oficialmente la agencia libre, 7 de julio, con los Celtics enviando al jugador a Atlanta. Pero lo que parecía una nueva oportunidad no fue más que otro paso más camino al infierno: 17 partidos disponible de los primeros 53 y los problemas de salud que siguen siendo un incordio para volver a jugar.
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Para entonces ya se sabía que sufría de POTS, o en castellano, síndrome de taquicardia postural ortostática. Lo publicó a principios de temporada Fred Katz, periodista de The Athletic, que consiguió hablar con KP antes de la temporada. En el perfil del jugador, Porzingis explicaba que había sido diagnosticado tras la derrota en segunda ronda ante los Knicks, y que una vez encontrado el problema, los doctores sabrían cómo gestionarlo en busca de una solución. Pudo jugar con Letonia y cambió su dieta, pero nunca volvió a ser el mismo con los Hawks, que vieron en Kuminga una opción de mejorar su proyecto. Y los Warriors, que con tal de deshacerse de Jonathan me hubieran firmado a mí, encontraron un cinco altísimo para jugar junto a Steph. Un perfil que nunca había visto Curry en su vestuario, no a ese nivel.
Su aterrizaje en San Francisco coincide con el deadline, a principios de febrero, y debuta tras el All-Star ante su ex-equipo, los Celtics. Tarda en pisar la pista pero acaba jugando 13 de los últimos 18 partidos de la temporada, señal para el optimismo sobre una posible vuelta al mejor nivel. Son 17 puntos por noche pese al triste 31.8% en el triple, méritos para colarse en play-in décimos, pero no para robar el último billete a playoffs. Y suficiente para recibir una oferta de $40 millones y dos temporadas el pasado verano, un dinero que aceptó tan rápido como volvió a desaparecer. Desde septiembre el jugador no ha estado con el equipo, ni formó parte del media day o training camp de pretemporada.
Se reunió con Mike Dunleavy y Rick Celebrini, VP de rendimiento y salud de los Warriors, y tras el encuentro se anunció que sería baja por un tiempo indefinido, pero que seguiría cerca del equipo. Una semana más tarde anunciaron que no estaría con el equipo y se filtró que la franquicia buscaba un traspaso para el jugador que incluso había pensado en la retirada. Por esas fechas, el propio Porzingis tuvo que salir a desmentir todos los rumores alrededor de su figura, incluyendo que tenga VIH o sida, y aseguró que está trabajando con doctores para volver pronto. Esos doctores NO son los de los Warriors, ya que Steve Kerr aseguró no saber dónde estaba el todavía jugador. Hace poco, un dentista en Marbella, España, subió una foto con el letón que fue rápidamente borrada.

¿Qué problema tiene Porzingis?
Originalmente, desde su época en Atlanta se dijo que el jugador sufría de POTS, síndrome de taquicardia postural ortostática. ¿Qué es eso? Es una alteración crónica del sistema nervioso autónomo (una disautonomía) que afecta la forma en que el cuerpo regula el flujo sanguíneo cuando una persona se pone de pie. Al levantarse o cambiar de postura, la sangre se acumula en las venas de las piernas y el abdomen en lugar de volver eficientemente hacia el corazón y el cerebro. Para compensar esa falta de flujo, el corazón late más rápido. Se considera POTS cuando la frecuencia incrementa unos 30 latidos por minuto en los primeros 10 minutos de ponerse en pie.
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