No hay nada que nos guste más a los periodistas y creadores de contenido que pontificar, vender dogmas como verdades indiscutibles. Lo hacemos en redes sociales, en podcasts y canales de YouTube y, por supuesto, lo hago en esta newsletter. Hablamos de que este equipo ganará el anillo seguro, de que tal jugador le irá mejor si consigue un traspaso para salir de su entorno actual. Y sobre todo, por encima de cualquier cosa, sobre quién es el mejor jugador del planeta tierra. En inglés es tan habitual el debate que ya tiene hasta sus propias siglas: BITW, best in the world o mejor del mundo en español. ¿Triple-doble de Jokic? El serbio se lleva el premio. ¿Game winner de Shai? Todos a Canadá.
Cambiamos virtualmente cada semana al ganador de este premio que no existe y cuyo único reconocimiento es la crítica de los que no piensan igual en redes, ya sea Wembanyama, Tatum o, por encima de todos, Luka Doncic. El esloveno es, casi con toda certeza, el jugador que genera las opiniones más antagónicas en redes sociales de entre los elegidos para aspirar al premio de ser BITW. No hay una intersección real en la que fans y haters se encuentren al hablar de Doncic, quien, por méritos propios, ha arrancado la temporada otra vez al nivel de ser BITW. Creo que, además, con cierta distancia al siguiente en la lista, tanto por resultados como por rendimiento. Es una verdad categórica esta vez, no hay debate esta semana.
Los números son tan superiores que verlo representado en una imagen genera ese tipo de risa que uno siente al ver algo que carece de sentido, como un león conduciendo un coche o Joel Embiid en unas finales. Que hay algo mal, seguro. Luka promedia 38.3 puntos, cinco más que el siguiente, SGA. Luka genera 57.9 puntos por partido entre anotación y asistencias, 11.9 más que Jayson Tatum, segundo en la lista. Está en el percentil 90 o mejor en rebotes, robos y stop%, y mientras tanto, mantiene un porcentaje de tiro verdadero de 68.3%, insostenible sobre el papel. Para jugadores con +68% TS, la mejor marca anotadora de la historia es de 24.5, Nikola Jokic en 2023; Doncic está en 38.3 puntos por noche1.
Luka es, habitualmente, uno de los jugadores que mejor arranca la competición. Es la tercera vez desde 2023 que el esloveno empieza el curso con anotaciones comparables a Jordan, Chamberlain o Rick Barry (y al Harden de Houston), lo que se ha convertido en una constante. Luka es invariable en la pista. No importa si viste de blanco, azul o dorado y morado, si al lado están Kyrie Irving, LeBron James o Austin Reaves y el pívot titular es Gafford, Ayton o Walker Kessler. No piensa en el entorno, no le preocupa lo que sucede alrededor, rumores, contratos por firmar; baloncesto, balón en las manos y los Lakers 6-2 para arrancar el año, aunque hayan tenido el quinto calendario más fácil de la liga. Anotan por condena, con el mejor ratio ofensivo de la liga y las oficinas más inestables de la competición.

Mientras Luka hace estragos en el parqué, los Lakers siguen siendo noticia cada semana en la prensa financiera y de negocios. Sobre todo la semana pasada. Mark Walter, todavía propietario, y Josh Kushner cerraron por fin los términos pendientes de la operación. Tras una reunión en Florida entre Walter y Kushner, el acuerdo ya es definitivo y solo falta la aprobación de la liga para que pueda hacerse oficial, un trámite burocrático más que otra cosa. Walter, por cierto, ha anunciado que busca vender Cadillac F1, su escudería de Fórmula 1. Entre otras cosas, el encuentro sirvió para que Kushner garantizara tener los fondos necesarios para completar la transacción, algo que en las últimas semanas se puso en duda. Lo hizo Bill Simmons en su podcast, aunque FOS lo ha negado, según fuentes propias.
El gigante mediático, en su día referencia de la comunicación y hoy más leyenda que acertado, dijo que Kushner no dispone de los $12,5 mil millones necesarios para pagar a Walter, que todavía le faltan entre cinco y seis mil. “No lo tiene todavía”, dijo Simmons, antes de añadir que Iger pondrá lo mínimo. “El mínimo es $63 millones, eso pone. Por eso Kushner tiene que encontrar el resto. Es mucho, y la fecha límite se acerca”, aseguraba. Su teoría es que están usando los problemas legales de la familia Buss — de los que hablaremos otro día — para alargar el acuerdo. “Necesita encontrar a cuatro o cinco personas que tengan mil millones”, cerraba en su alegato.
Lo que sí hemos sabido del proceso de compra por parte de Josh Kushner y Bob Iger es que los dos principales propietarios están buscando ampliar el grupo de inversores. El dúo acordó comprar el equipo por $12,500 millones en verano y, a día de hoy, siguen ofreciendo participaciones minoritarias en la franquicia, a $250 millones cada una. Un modus operandi bastante habitual en operaciones de este tamaño que hemos visto en la NBA en los últimos años. Los Celtics, por ejemplo, publicaron una lista de accionistas minoritarios meses después de que Bill Chisholm anunciara la compra de la entidad con 18 anillos.
Según el Wall Street Journal, en una exclusiva publicada en septiembre, Iger y Kushner están asegurando a los posibles inversores que esperan triplicar la valoración de la franquicia en un plazo de 10 años, llegando a los $30,000 millones. ¿Cómo? Crecimiento internacional, acuerdos de televisión local y sobre todo, incrementando beneficios. Según un informe filtrado, los Lakers van camino de generar $681 millones; para 2037 esperan que la cifra sea de más de $1.6 mil millones. Grandes planes si ignoramos que en agosto, el LA Times anunció que Spectrum, la cadena que retransmite los Lakers en Los Angeles y paga unos $200 millones al año hasta 2032, está pensando en salirse del contrato. Todas las franquicias están teniendo problemas con sus proveedores locales, tal y como lleva explicando Kike García todo este verano.
Pero volviendo a la compraventa del equipo, el caso de los Lakers es excepcional. Único hasta el punto de que ha habido una modificación de las leyes de la liga. Adam Silver y los abogados de la asociación han alterado los estatutos para ayudar a que este proceso salga adelante, y meses más tarde, todavía no se ha cerrado.

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