El pasado 17 de agosto, ESPN publicaba un reportaje de varios autores sobre el caso Kawhi Leonard, Aspiration y los Clippers. En la pieza, una mezcla de reporterismo y periodismo de fuentes, el medio aseguraba que la NBA no había encontrado pruebas contra Steve Ballmer de la supuesta elusión del salary cap. Firmada por Don Van Natta Jr., Baxter Holmes y Ramona Shelburne, y con la colaboración también de Shams Charania y Bobby Marks, el socio televisivo de la NBA era contundente a la hora de asegurar que “la NBA no ha encontrado evidencias de que Steve Ballmer, propietario de los LA Clippers, haya desviado dinero a través de patrocinadores para pagar a Kawhi Leonard con el fin de eludir el límite salarial” y aseguraba tener tres fuentes que ilustraban la historia.
Apenas unas horas más tarde, la NBA desmentía a ESPN. No lo hacía con un mensaje, ni con un filtrado a la competencia. Lo hacía con un comunicado firmado por Mike Bass, portavoz de la liga, un formato poco habitual: “El artículo de ESPN sobre la investigación a Los Angeles Clippers —para el que la NBA declinó cooperar— contiene numerosas e importantes imprecisiones”, y aseguraba que la investigación seguía vigente. Dos semanas más tarde, la NBA y el bufete Wachtell, Lipton, Rosen & Katz hacían oficial el castigo más grande de la historia de la NBA, además de publicar 35 páginas de evidencias de que sí, los Clippers eludieron el límite salarial con el conocimiento de Steve Ballmer. ¿Por qué ESPN publicó entonces ese artículo? ¿Por qué tres periodistas contrastados que cubren la NBA, como Baxter, Ramona y Shams, fallaron y, además, se fueron tan lejos de la realidad?
Hay una frase del comunicado de la NBA que da una pista sobre la respuesta: “declinó cooperar”. La liga no participó de manera activa o pasiva en el artículo, y la versión que tenemos, que decidieron hacer pública, es, por lo tanto, parcial. Por decirlo de otra manera, publicaron lo que los Clippers quisieron que publicaran. En el artículo hay información relevante (nos dicen por primera vez que hay al menos otras tres compañías) y dan pistas de hacia dónde irá la investigación final, pero el único objetivo real de esta pieza es ayudar a limpiar la imagen de Steve Ballmer. No de los Clippers, no de Kawhi Leonard o de Lawrence Frank. Del propietario de la franquicia. Y no es la primera vez que lo hacen — en ambas ocasiones han permitido que se mienta en su contenido sin rectificar.
El día después de que Pablo Torre descubriera el escándalo extradeportivo más grande de lo que va de siglo en la NBA, Steve Ballmer dio una entrevista. Solo una. Se la dio a Ramona Shelburne en SportsCenter, el programa nocturno de ESPN. En ella, el propietario más rico del deporte aseguraba que Aspiration le había engañado, que él era una víctima y que no habían incumplido las normas. Pablo Torre y el bufete de abogados de la NBA ya demostraron que eso era falso, y que fue el mismo Ballmer en persona quien aprobó el acuerdo del Forum con Aspiration para que el contrato entre Kawhi Leonard y Aspiration no se rompiera. Y repitió varias veces una frase demoledora: «conocemos las normas». Lo hizo tanto por su parte como por parte de la franquicia, de Kawhi Leonard y de Uncle Dennis.
#212 El caso Kawhi: pagarán los Clippers, perdonado Leonard y lo que no sabíamos
La NBA cierra la investigación con 5 primeras rondas y $30 millones para los Clippers, pero solo $700.000 para Kawhi. Y el informe de 36 páginas revela una historia mucho más grande de lo que sabíamos
ESPN le dio 16 minutos en prime time y decidió no verificar nada de lo dicho por Ballmer, o al menos no publicarlo; al contrario, ha sido durante estos 364 días el mayor valedor de los Clippers (no unánime, pero sí en su mayoría). La labor del periodismo no es dar voz a las dos versiones para encontrar el equilibrio, es encontrar qué parte de cada relato es verdad. Es distinguir los hechos de la propaganda. Más allá de Pablo Torre, líder de la investigación y el mayor ganador de todo este caso, la mayoría de los periodistas han sido críticos leves, moderados. Lo han hecho sabiendo que según qué comentario podía cerrar vías de trabajo con los Clippers o cualquier otro equipo o jugador. Yo también he estado ahí.
El miedo a la puerta cerrada
Hace muchos años, cuando vuestros padres eran jóvenes, prensa y jugadores vivían virtualmente juntos. Viajaban juntos en avión, pasaban horas al día juntos y había relaciones muy estrechas. No solo en la NBA, sino también en el fútbol español o cualquier deporte que quieras imaginar. En las dos últimas décadas, el deporte se ha ido bunkerizando, los jugadores se han aislado del mundo exterior y las relaciones han sufrido mucho. Es más complicado crearlas, mantenerlas, y hay que tener mucha cautela a la hora de cuidarlas. La mayoría de estas relaciones nacen en los partidos o entrenamientos, lugares donde la prensa necesita un pase especial y el aprobado de la liga y la franquicia para acceder. ¿Puede una crítica cerrar una puerta?
En las últimas semanas, varios periodistas han asegurado que los Clippers han sido muy agresivos en su defensa off the record. Zach Lowe (The Ringer), Jon Krawczynski (The Athletic) o el propio Brian Windhorst (ESPN) dejaron claro que desde cualquier estamento de la franquicia han sido siempre persistentes en la inocencia de los Clippers. Windhorst dijo que fuentes de la franquicia le habían mentido en la cara, gente a la que llama amigos, convencidos de la propia inocencia. En el caso de Lowe, dijo que algunas relaciones se habían roto solo por el hecho de preguntar, algo que también confirmó Krawczynski. Tres medios diferentes, una misma estrategia defensiva de ir al ataque. ¿Y el periodista en ese momento qué hace? Deja de preguntar.
Si uno corre el riesgo de romper una relación, perder una fuente o que le cierren una puerta de acceso, la mayoría de periodistas dejan de preguntar. Especialmente aquellos que tienen intereses detrás: una entrevista con el jugador de turno en un mes, una fuente cercana que perder, la acreditación de temporada de los Clippers. Ya no entro, siquiera, en los intereses de la empresa como puede ser con ESPN, en la que por ejemplo, la NFL posee un 10% de la empresa. ¿Estamos todos de acuerdo en que no es normal que una liga tenga poder sobre el medio de comunicación más grande del planeta? Nunca sabremos qué interés tenía ESPN en Steve Ballmer, pero ha quedado claro que algunos periodistas de la cadena sí tenían el suyo en mantener la relación con los Clippers saludable.
Yo lo he hecho, si os soy sincero, lo de edulcorar contenido. No a este nivel, no publicando una limpieza de imagen como lo hizo ESPN con Steve Ballmer, pero en menor escala. Igual, con algún jugador español que tenía que entrevistar en una semana, he decidido usar adjetivos menos beligerantes para definir su nivel en lugar de ser realmente crítico. O en lugar de apuntar a su rendimiento, he preferido mirar al entrenador y preguntarme por qué no juega más minutos, poniendo el foco fuera de él. He visto cómo a colegas se les han cerrado puertas en la cara, y no he querido pasar por el mismo sistema de tortura al que algunos representantes o departamentos de comunicación han sometido a mis compañeros de profesión. ¿Me arrepiento? Sí, por supuesto. Pero hecho está, nadie tiene las manos limpias.
Seguramente Pablo Torre lo haya hecho también en algún momento de su carrera1. Por suerte para la verdad y el espectador, durante el último año y en el escándalo de Kawhi, no ha sido el caso. Pero ha tenido que ser un periodista deportivo que no cubre el día a día de la NBA el que viniera a destapar el mayor drama extradeportivo de la liga, sin tener el miedo de perder una credencial de prensa o el acceso a un vestuario. No es periodismo independiente per se, al estar producido por Meadowlark y distribuido por The Athletic (NY Times) desde este mismo año, pero es independiente en el sentido de no tener intereses que te empujan a publicar o callarte algo. De que su trabajo en el día a día no depende de la NBA, los Clippers o una acreditación de prensa.
Ha debido doler todavía más en ESPN que fuera extrabajador de la casa, pero siempre me quedaré con la duda de saber si hubiera podido publicar eso trabajando para el gigante, sabiendo que es un partner de la competición. En algunos casos, viendo el contenido que han sacado ciertos periodistas afiliados a los Clippers, tengo pocas dudas.
Periodismo independiente
¿Existe el periodismo libre? Es un debate que da para muchas horas y que depende mucho de cómo cada uno entiende el concepto libre en esta reflexión. Los intereses siempre van a existir. Los individuales, querer sacar una noticia antes o tener una entrevista que nadie ha tenido, y también los empresariales para los grandes medios. ESPN, como The Athletic o The Ringer, vive de los números y la publicidad que generan, la mayoría, de casas de apuestas. Pero hay intereses detrás siempre: comerciales, de relaciones, intereses de los dueños o accionistas. Y es muy difícil luchar contra ellos cuando eres un peón en una casa tan grande como cualquiera de estos medios de comunicación. Y aquí es donde aparece el periodismo independiente, libre, si es que existe todavía. En el baloncesto queda, en la NBA todavía hay trazos de ello.
Pablo Torre (en menor medida, sí, ya lo hemos analizado), o Marc Stein, Jake Fischer, Henry Abbott, Ben Taylor, Ethan Strauss, Tom Ziller, Jared Dubin, Neil Paine... cada uno en su nivel y en su parcela. Incluso los hay que cubren a un equipo, Scott Agness en Indiana o Jonathan Macri con los Knicks. Casi todos ellos responden a su audiencia porque viven de ella. Subsisten de los números, pero de la cantidad de gente que paga por su trabajo. La relación más fácil del mundo: pago por lo que haces, por un servicio, porque me gusta, me interesa o me parece interesante de alguna manera. Y mi dinero puede ayudar a que lo hagas mejor, ese es el acuerdo. Sin empresas, intereses detrás. Sin casas de apuestas de fondo en la mayoría de los casos.
¿Pueden decir lo que quieran y publicar el mejor contenido? No, seguramente no. Primero, porque se deben al código deontológico del periodismo, una lista de normas y principios que guían la profesión para garantizar una cobertura responsable y veraz. Y segundo, y más importante, porque muy probablemente, aunque no tengan ni una décima parte del acceso que tendría alguien con la acreditación de ESPN y lo que implica tener detrás un gigante, sigan teniendo relaciones con jugadores, agentes, entrenadores o directivos. Pero al menos son libres a la hora de poder decidir qué publicar y qué no, sin tener que pasar por un editor, un equipo legal y varios procesos de revisión por el ordenador de un empresario y no de un periodista.
ESPN, por cierto, todavía no ha rectificado su artículo. De hecho, al contrario. Don Van Natta Jr. mandó un correo a John Ourand, autor y socio de Puck (otro modelo de periodismo independiente, aunque sobre medios de comunicación deportivos). En el escrito, Van Natta insiste en que el reporte publicado por el bufete coincide con el artículo de ESPN y señala varios detalles específicos de la pieza, como que la NBA no encontró evidencia de que Ballmer en persona fuera el responsable, ignorando claramente el resto del artículo. Como cuando aseguran, mediante una fuente, que el argumento de las presentaciones no se puede usar (an outrageous overreach fue el concepto usado). La idea global del artículo era que los Clippers iban a salir de rositas, o al menos así se entendió, y un mes más tarde sigue siendo indefendible.
¿Sabéis lo que sí ha sido defendible desde el primer día? El trabajo de Pablo Torre. El gran ganador de este serial, del escándalo que él mismo se encargó de destapar y que no va a permitir que caiga en el olvido. Un Pulitzer, un Murrow Award y el premio de saber que tenía razón. Y no hay nada mejor que, al final del día, saber que el periodismo independiente tenía razón.
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Por cierto, Pablo Torre Finds Out estuvo patrocinado por Draftkings hasta 2025. Esta pieza vale la pena.



