Se acabó el culebrón Peyton Watson, o como se conoce en la NBA, Jonathan Kuminga parte 2: ahora en Denver. El que fuera jugador de los Nuggets y uno de los agentes libres restringidos de mayor empaque en la NBA deja Denver rumbo a Cleveland en un traspaso a cinco bandas por el que dieron a Max Strus y una primera ronda (y una segunda, sí). Sobre el papel parece un movimiento muy sensato de los Cavaliers, que lo firman por cuatro años y $88 millones. Cierra un quinteto con Harden, Mitchell, Mobley y Jarrett Allen, uno de los mejores de toda la NBA. ¿Es el movimiento un acierto? Hay que analizarlo más allá.
De suplente, yo
La realidad es muy distinta. En la NBA actual, no podemos simplemente definir este movimiento como un traspaso único, un ente individual. Con el objetivo de firmar a Peyton Watson, han tenido que mover a Max Strus y, además, dejar salir a Keon Ellis, Dennis Schröder (que finalmente salió en el mismo traspaso) y Dean Wade. La mitad en agencia libre, la mitad en traspasos, pero todos han salido. Han tenido que vaciar el banquillo y apostar muy fuerte por un núcleo que este año por fin ha pisado finales de conferencia antes de llevarse un 0-4 (y que acabó los playoffs 8-10). Aunque analíticamente ganaran la serie.
En teoría tienen un mejor quinteto que el año pasado a estas alturas, con Harden por Darius Garland y la posición de tres que ocupará Watson y que por entonces estaba al aire, todavía con Strus y Wade lesionados. Pero poco a poco, y algo similar hemos visto en Denver los últimos años, van perdiendo piezas de rotación para darle más importancia al quinteto titular. Primero fueron Ty Jerome, Caris LeVert (incluso Georges Niang...) y este verano a otras cuatro piezas, tres importantes en los pasados playoffs. La principal diferencia, a simple vista, entre Nuggets y Cavaliers es que Nikola Jokic ya tiene su anillo y que Harden, Mitchell y Mobley siguen soñando con el suyo, pero hay patrones que no podemos negar. El más claro, el de volcar todo el gasto en el quinteto.
El pasado mes de octubre, días antes de empezar el curso 2025/26, Christian Braun firmaba un contratazo de $125 millones y cinco años. Denver se aseguraba a largo plazo un jugador que fue campeón con Kansas y en su debut en la NBA en temporadas consecutivas, y Braun conseguía su primera gran paga en la NBA. Decidieron apostar por Christian mientras no podían llegar a un acuerdo con Watson, que para aquel entonces todavía no había explotado. Las pretensiones de Rich Paul para su jugador estaban alrededor de la mid-level, pero incluso en esas cifras, era un problema para la chequera de los Nuggets. Ese mismo verano convertían a Michael Porter Jr. en Cameron Johnson, un jugador que le debe la mitad de su dinero y la oportunidad de pelear por un anillo a Jordi Fernández.
Pero lo más curioso es que Denver y Cleveland me parecen dos ejemplos de un mal que acecha la NBA. A distintos niveles, con caminos diferentes pero con un mismo destino: el no poder volver a competir por el título de la NBA. Y sí, este es el típico post que en junio, mientras Cavs y Nuggets se jueguen el anillo, tendrás que darle RT, pero hasta entonces, déjame explicarte. Y usaremos este gráfico como referencia.
El eslabón más débil
La NBA desde hace tiempo se ha convertido en una competición del eslabón más débil. Esta es una teoría que mantiene que en el baloncesto, específicamente en la liga norteamericana, no gana el que tiene al mejor jugador, sino el que no tiene al peor. No solo jugadores, puede ser incluso más específico: el que no tiene la debilidad más grande. Siempre será importante tener a grandes jugadores en tu equipo para ganar, pero ahora más que nunca, y con tanto talento, lo importante es no tener que tapar un hueco. Lo explico con un ejemplo claro: en la serie entre Oklahoma y San Antonio, los Spurs vieron que sin Jalen Williams y con Ajay Mitchell jugando solo tres partidos, el hueco más grande que había en la pista era siempre Lu Dort en ataque.
¿Es Lu Dort peor jugador que Julian Champagnie? No lo creo. Pero uno es al menos un seis en ambos lados de la pista (podemos decir que incluso más en ataque) y el otro un nueve en defensa, pero solo un tres al otro lado del aro. Esto causó que la defensa de los Spurs pudiera cerrarse más alrededor de Shai Gilgeous-Alexander y, a la postre, llevarse la serie en siete como visitantes. Hay mil ejemplos en la NBA actual, sobre todo en las series largas. ¿Es inevitable? No, se puede luchar contra ello. En el momento en que los Knicks supieron esconder la defensa de KAT, los Knicks se volvieron imparables; y en las finales, el ataque de San Antonio (Castle, Fox...) en estático fue mucho peor que, por ejemplo, la defensa de Brunson.
Cada serie es un duelo distinto y cada eliminatoria tiene su propia batalla. Se pueden esconder debilidades o cambiar titulares por suplentes (factor Dylan Harper), pero en general hay una manera de intentar que no tengas siempre el eslabón más débil en tu equipo: tener una plantilla larga. No hace falta que sean once jugadores, pero sí ocho que puedan salir a la pista en los playoffs y tener un impacto positivo. Los Knicks no ganan el anillo sin Mitchell Robinson, Landry Shamet, José Alvarado, Miles McBride y los minutos de Jordan Clarkson en el quinto partido. Diez jugadores aportaron en la serie que le dio el título a New York.
En la primera ronda entre Cavaliers y Raptors quedó claro qué equipo era más profundo. Mientras Kenny Atkinson tenía a Keon Ellis como décimo jugador, Toronto veía cómo Jamison Battle (que estuvo genial, por cierto) o AJ Lawson salían a salvar la dignidad de una plantilla que no tenía a Quickley ni a Ingram y tenía, pero como si no, a Jakob Poeltl. En el quinto, el héroe fue Dennis Schröder; en el séptimo, Max Strus sacó a Scottie Barnes del encuentro y es Jarrett Allen el que rompe el partido, indefendible en la pintura de los Raptors. Y sí, las estrellas aparecían (a veces, en el caso de Harden), pero fueron los secundarios los que evitaron la debacle en el momento más importante. Y sorpresa, el año que viene ya no están.
Cinco cobran, ocho juegan
Hablemos de dineros. Cleveland es uno de los diez equipos que tienen invertido en su quinteto titular más del 100% del salary cap, y está solo por detrás de Golden State, New York Knicks y los Denver Nuggets. Toronto será el undécimo cuando cambie a Kawhi por Ingram. Sobre el papel, todos son candidatos al anillo, pero de los diez (once), solo uno se llevará el Larry O’Brien a final de temporada, y puede incluso que no esté en esta lista. Un saludo para mis seguidores de los Kings que, teniendo uno de los peores equipos de la NBA, consiguen estar ahí arriba gastando como un contender en un quinteto titular trágico.
No es casualidad que entre esos diez estén seis de los peores banquillos de la NBA a nivel de inversión, por salario gastado entre los jugadores seis y ocho de la plantilla. Solo Minnesota se cuela en el tercio más alto, y lo hace por Donte DiVincenzo, que se perderá casi todo el año. En ese grupo, el que sí paga a sus suplentes, hay varios candidatos al anillo: San Antonio (un caso que hemos de coger con pinzas porque Castle es el noveno salario del equipo), Houston, Indiana o los Lakers.
Un caso curioso es el equipo de Luka Doncic, que ha gastado mucho en su pareja de estrellas, pero luego reparte bastante homogéneamente hasta llegar a Jaden Hardy. Una pena que Vanderbilt se coma un 7.5% del cap o, sobre todo, que Quentin Grimes y Sandro Mamukelashvili sean el cuarto y quinto salario más alto del equipo.
Si os ponéis encima de un equipo, os da la cifra exacta. Y están en el mismo orden en las tres gráficas por si lo queréis comparar.
Los Nuggets han perdido a Watson, Tim Hardaway Jr. y, en menor medida, Jalen Pickett y Jonas Valanciunas, y por ellos han añadido a Alpha Diallo, Marvin Bagley III y DeMar DeRozan, en 2026. Y mientras, Jokic, Murray, Gordon y compañía llegan con un año más a competir contra los proyectos de Oklahoma y San Antonio. No es imposible, pero suena difícil al menos, viendo que cada año el equipo es un poquito peor. Perdieron a Bruce Brown, que volvió siendo otro; luego dejaron salir a KCP, movieron a Michael Porter Jr. (sobre el papel parecía lógico) y ya estamos picando a la puerta de una situación que parece llegar a todas las franquicias.
Una posible salida de Murray y/o Gordon, siempre manteniendo que el serbio debería ser inamovible en Colorado. Sobre todo viendo los contratos que firmaron tras ganar el anillo de la NBA, merecidos pero desproporcionados para el CBA que se venía. Se puede luchar contra viento y marea, pero no se puede luchar contra el convenio colectivo, por muy roto que esté.
El precio real de poder competir
Evidentemente no vale solo con tener ocho jugadores buenos. Necesitas talento diferencial. Necesitas estrellas capaces de ganar una serie, jugadores que puedan cambiar un partido y, llegado el momento, alguien que haga algo que los demás no pueden hacer. Pero también necesitas que el octavo jugador no sea un problema. Los Cavaliers sueñan con que Watson pueda llegar a convertirse en eso. ¿Un OG Anunoby de la vida? Lo dudo. ¿Mikal Bridges pero con peores porcentajes de tres, menos fiabilidad y peor defensa? Eso sí que puede ser un espejo horrible en el que mirarse.
Porque quizá ese sea el verdadero coste de tener cuatro o cinco jugadores cobrando como estrellas. No es que el banquillo sea peor. Es que, cuando llega mayo y empiezan las lesiones, los ajustes y las series de siete partidos, ya no tienes dónde esconderte. Denver lleva varios años caminando por ese alambre. Cleveland acaba de dar otro paso en la misma dirección. Los Sixers de Jaylen y LeBron pueden ser otro ejemplo claro. Porque así funciona la NBA del eslabón más débil.
Puedes tener el mejor quinteto de la liga y perder el anillo por tu octavo jugador.
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Hay que aclarar algunos detalles. Por ejemplo, que LeBron cuente como suplente en Philadelphia (cobra menos que Wade y Simons). Kon Knueppel es el noveno sueldo en Charlotte por un 0.19%. Tampoco aparecen jugadores que han firmado por el mínimo o parecido, como el caso de DeRozan, Marcus Smart, Bradley Beal, Jordan Clarkson o Ajay Mitchell y Jared McCain en Oklahoma. En Detroit está pendiente el caso Jalen Duren.




