#196 ¿Por qué no podemos hablar bien de la NBA? Porque somos unos haters
Los 83 puntos de Bam Adebayo nos parecieron mal. El récord de Shai también lo hemos criticado y el tema más importante es criticar el tanking.
Esta semana, en el trayecto a recoger a Oliver de la guardería, me ponía uno de los 128 pódcast pendientes que tenía. Era, para ser precisos, el último episodio de Esto no es un pódcast NBA, con Sergio Rabinal y Javier R. Rodríguez aka Café de Rick. Me lo puse por dos motivos: primero, porque los escucho cada semana; y segundo, porque en esta en específico, tenían previsto hablar de los Celtics, equipo del que son seguidores ambos (uno de manera pública, el otro no lo ha asumido aún). Os comento que solo llevo 13 minutos de programa, pero tuvieron una pequeña reflexión que me hizo parar a pensar — y no, no vamos a hablar de los Celtics.
Hace poco, entre sus tweets sobre Bad Bunny y política española, Javi dejó un mensaje sobre la vuelta de Tatum — os prometo que no vamos a hablar de los Celtics. Bromeaba, o no, que el jugador de los Celtics tiene la responsabilidad de salvar una de las peores temporadas de la historia de la NBA. Lo ampliaba en el pódcast, cuando decía, y con razón, que la liga no ha visto dos noticias positivas fuera de la pista en todo el año mientras que los escándalos no dejan de salir de debajo de las piedras. Insisto, y no le falta razón a Javi, que casi siempre tiene razón, porque en ese aspecto el inicio fue apoteósico.
Hemos tenido el tema de Kawhi Leonard, del que hablé lo suficiente aquí, también aquí, otra vez aquí, en este artículo de aquí y por último, un quinto texto aquí. Un mes más tarde del caso Aspiration, del que hubo información hace dos semanas, por cierto, supimos que el FBI había detenido a un entrenador y un jugador de la NBA por dos casos distintos que involucraban a la mafia italo-americana entre apuestas, partidas ilegales y amaño de partidos en la liga. Eran dos escándalos históricos, y todo cuando llevábamos apenas 36 horas de NBA. Hasta ahora, la verdad, tiene razón Javi sobre el papel.
Ha habido más historias en los meses siguientes. La burner de Kevin Durant, la implicación de Steph Curry en varias empresas controladas por miembros (o exmiembros) del IDF, que el propietario de los Grizzlies venda herramientas para la guerra al ejército de Rusia, que haya gente relacionada con la NBA en los Archivos de Epstein, o que dueños minoritarios en la liga se estén haciendo más ricos gracias al ICE. He visto películas de ciencia ficción con menos giros de guion y pensaba que eran demasiado falsas. Bueno, sigo, que hay más escándalos.
Giannis en un mes salió de la mano de Kalshi, de la que es accionista minoritario, y sin garantizar calefacción a los inquilinos de su edificio, Dillon Brooks fue detenido por consumo de marihuana y los Suns tienen seis denuncias contra el nuevo propietario, Mat Ishbia. Y seguro que me estoy dejando algo porque a veces es imposible seguir el ritmo de los escándalos que sacuden la NBA y sus protagonistas, sean jugadores, propietarios o LeBron James, que es ambas. No creo que Adam Silver esté muy contento, sinceramente.
No recuerdo un año en el que la NBA haya acudido tanto a su despacho de abogados desde el lockout de 2011, e incluso esa temporada se podría argumentar que el caso fue deportivo, o relacionado con. Esta vez, las noticias que asaltan la NBA son en su mayoría escándalos que en cualquier otro contexto servirían para plantearnos muchas cosas, pero que en un mundo de ricos y súper ricos, ser un villano social es un requisito más para triunfar por lo que parece. O eso, o es imposible ser billonario y cumplir la definición básica de buena persona. Pero estamos siendo injustos.
Hay una parte de mí que piensa que damos la NBA por sentado, que siempre está ahí, y por eso no valoramos lo que tenemos. Ni lo valoramos, ni lo vemos con buenos ojos. Y eso nos lleva directamente a no apreciar el valor que tiene la mejor liga del mundo y lo que pasa ante nuestras narices cada noche sin fallo. Nunca la liga ha sido mejor, por nivel individual de jugadores, entrenadores y general managers, nunca hemos tenido tanto talento, mejor nivel ofensivo o defensores de mayor capacidad que hoy. Que justo ahora mismo. Y nuestra respuesta es quejarnos de lo malo que pasa.
Mi mujer muchas veces me dice que cuando estoy de mal humor, o cansado, o con hambre o dolor de cabeza, me vuelvo insoportable y me quejo mucho. Y tiene razón, como casi siempre. Creo que quejarse, depende del cómo, me parece un recurso necesario. En su día escribí una oda a la queja porque me parece una parte clave del ser humano que se ha estigmatizado, pero con la NBA se nos ha ido de las manos, y hablo en primera persona. Hasta el punto de que cualquier cosa, suceso, hito, lo criticamos antes de decir nada positivo de ello. Otra vez, hablo como colectivo, como sociedad, como Twitter.
En la NBA, solo este año, hemos visto a un jugador batir un récord de Wilt Chamberlain, algo que nadie creía posible. Hemos visto a Bam Adebayo meter 83 puntos (!!!!), algo que tampoco pensábamos que se fuera a conseguir y menos por el jugador de los Heat. Hace poco LeBron batió otra marca, creo que fue la de más tiros de campo anotados en la historia de la liga. En el primero, hemos hablado más de los tiros libres (sí, yo también) de Shai que de la marca, en el segundo hemos criticado el cómo y a LeBron hace 15 años que lo damos por sentado, como una constante cuando es la mayor excepción de la historia de la liga. Quizás incluso del deporte.
Tenemos doscientas historias positivas, como casi cada año. Equipos que han superado expectativas, jugadores que han dado por fin ese paso adelante, podemos disfrutar de los primeros pasos de Victor Wembanyama en la élite o de Copper Flagg en la NBA, y ¿de qué hablamos? Del tanking. De ese gran virus que lleva nada más y nada menos que 40 años en la liga. Hemos intentado solucionar un problema más veces que alabar lo que han conseguido los Pistons, o San Antonio. Equipos que no esperábamos ver donde están hoy, y ahí están. Pero oye, el tanking. Siete campeones en siete años, pero el tanking.
Y si no es del tanking, es de los problemas de los Lakers o Warriors, de Bron y Curry para ser exactos, pero siempre de lo malo. Incluso cuando el discurso va a Jaylen Brown, su on/off es lo primero que se busca a la hora de valorar su temporada. Siempre vamos a lo malo. Hablamos de los árbitros, de los jugadores que están rindiendo por debajo de lo esperado o las lesiones y cómo deberíamos cambiar el calendario (que sí, deberíamos). Solo vemos lo malo, y por ende, somos unos haters. Literalmente. No todos, pero sí la mayoría.
Traigo un ejemplo muy claro: el nuevo CBA. Es cierto que desde que se firmó el convenio, la agencia libre ha muerto como tal. Si no voy errado, Paul George es el único jugador que firmó contrato con un equipo nuevo entre los All-Stars y caras conocidas de la liga, y ya venía de capa caída. ¿Pero hemos hablado de que el nuevo CBA nos da un deadline apasionante? El año pasado fueron 4 All-NBA que fueron cambiados este año ha sido Harden, Garland, Zubac, JJJ o Trae Young. Contenido nos sigue dando, solo que ya no es verano.
No sé hasta qué punto es culpa de la prensa americana y cómo desde el resto de países compramos y compartimos la narrativa, o si cada uno de nosotros, como entes independientes, sobre todo los que somos periodistas o creadores de contenido, estamos podridos por dentro con únicamente sentimientos negativos, pero es una realidad que pasa en la NBA más que en cualquier otra liga americana. O si es que vende más hablar de lo malo que de lo bueno, ya sea a nivel discurso o clicks y likes en redes sociales. Pero era una reflexión que quería hacer, aunque sea yo el primer hater.
¿Voy a intentar cambiar eso? Puede ser. Va a depender mucho de las horas que duerma, ya que eso suele marcar mi estado de ánimo, pero sí que me gustaría más ser como Denís Miranda o Gonzalo Vázquez, que, al margen de saber mucho y ser los mejores en lo suyo, siempre ven la NBA con buenos ojos. Por eso les admiro, porque no tienen odio en el corazón y eso, al final, es lo más difícil.






